viernes, 3 de junio de 2016

El Pensamiento Crítico Elitista, Discriminatorio, Antihumanista y Antisocialista

El pensamiento crítico es por antonomasia irreverente y subversivo desde su ponderación ética, políticamente incómodo, académicamente impertinente y socialmente “inútil”.

Por tal razón me llamó poderosamente la atención el cacareado “Premio Libertador al Pensamiento Crítico”, tomándome el atrevimiento de participar con mi publicación “Los Derechos Humanos, el “Estado, la Sociedad y el Humanismo Socialista”, a sabiendas de que esa cuasi herejía sería como pretender que la Congregación para la Doctrina de la Fe considerase algunos criterios de la Teología de la Liberación.

En verdad no aspiraba ni esperaba siquiera que la leyeran, pero sí al menos quería verla inscrita, gracias al carácter de “libre” del concurso, junto con las obras participantes, aunque fuese haciendo de abrojo a los siempre presumidos “perfectos” pasos revolucionarios.

Empero, ocurre que ni a eso llegó tan pueril pretensión, pues ni cortos ni perezosos los organizadores alegaron que por “las bases del concurso” la obra a participar ha debido, ciertamente, ser editada y publicada el año al que se refiere el concurso… pero “publicada en papel”, por lo que las obras escritas y editadas y publicadas en formato digital no van para el baile… Rematando irónicamente con un “…ojalá que logre publicarlo para que pueda participar en el concurso”. La verdad es que, como estamos  ya acostumbrados en nuestra patria, lo del requerimiento de la impresión en papel es un requisito sobrevenido, inexistente en las bases del concurso, respondiendo indudablemente a una discrecionalidad de los organizadores, pudiendo ocurrir de esa forma y por sobre la transparencia y pulcritud del concurso, que se “filtre” ideológicamente, y por otros intereses, la participación. En otro país o en otras circunstancias político sociales podría impugnarse en justicia esa decisión, pero, seamos sinceros, jurídicamente en nuestra patria “la masa no está para bollos”… (En este link se puede acceder a las bases del concurso (si no han sido modificadas): http://www.humanidadenred.org.ve/wp-content/uploads/2016/02/Bases-Premio-Libertador-2015-XI-Edición-1.png

En realidad no es de extrañar tal actitud, pues persistentemente la izquierda tradicional deviene en una logia dogmática, excluyente, elitista, reduccionista, providencial, torpe, discriminatoria y contradictoriamente antihumanista. Por eso las intentonas políticas de orden socialista siempre terminan “arando en el mar”, en cuanto al propósito de afianzarse como forma estable de convivencia social; aunque sí, por muchas de las “bondades” de su intención de trasfondo al enmarañamiento ideológico que al final la pervierte en sus resultados, siempre deja legados determinantes de las formas sociales de convivencia en cada realidad histórica, que se constituyen en inspiración de lo siempre posible, para el espíritu crítico que libérrimamente cuestiona el “ser” humano, planteando otras perspectivas de su existir en sociedad.

Cabe recordar que grandes imperios socialistas se han derrumbado junto a los criterios falaces que los sustentaban, mientras otros apenas logran expirar vacuas consignas, en tanto algunos apenas huyen hacia adelante, tratando de alcanzar a la historia que los ha dejado rezagados junto con sus criterios, bien intencionado muchos, sí, pero ya históricamente torpes.

Cuantas veces hemos escuchado a muchos revolucionarios alabar las sociedades “perfectas” de las hormigas y de las abejas, en la que todos sus integrantes existen en función de un propósito en común. Solamente omiten un detallito, aparentemente irrelevante para el socialista tradicional, para quien lo que priva es el resultado colectivo: el hecho de que tanto las hormigas y las abejas son seres acríticos, sin individualidad y sin visión de futuro, incapaces de cuestionar su realidad y mucho menos su existencia misma, y, por supuesto, sin conciencia de la libertad, de la igualdad, de la justicia; y sin la posibilidad de tener esperanza y de vivir la fe, de creer en Dios.

Ahora sí,  es cierto, las hormigas y las abejas y sus sociedades son “perfectas”. Una hormiga es perfectamente hormiga, y una abeja es y será siempre perfectamente abeja; mientras que el ser humano y los grupos sociales en los que coexiste son esencialmente imperfectos. Siendo esa conciencia de su imperfección, de sus carencias y vicios existenciales, lo que le revela las cualidades ontológicas y axiológicas que nutren su ser espiritual, y le motorizan y exponencian su existencialidad hacia un porvenir tan amplio como lo sea la conciencia de su existir y tan posible como su voluntad concretar la utopía.

En ese sentido, la Soviética habría sido una unión “perfecta”, si se hubiese tratado de hormigas o de abejas. El problema “político” de la política consiste precisamente en la multiplicidad de criterios, visiones, expectativas y credos que necesariamente se deben expresar dentro del cuerpo social, en cómo “conciliarlos” hacia el propósito en común de manifestar todos, absolutamente todos, su “humanidad”, dentro de linderos de justicia, libertad, igualdad y solidaridad, convergentes en la paz social. Summa obra política que debe iniciar desde el respeto irrestricto al pensamiento y criterios del otro, aún cuando ontológica y axiológicamente resulten aberrados, siempre y cuando se mantengan dentro del margen que la ley les  reconoce, protege y garantiza para su expresión; margen cuyo respeto y salvaguarda constituye la garantía en contra de la intolerancia, el absolutismo y el derrumbe a término de cualquier proyecto político.  La URRSS pretendió ser un inmenso imperio de “hormiguitas” y “abejitas” comuneras, “perfectamente” organizadas, pero cada día con menos seres humanos, hasta que los sofismas que fundamentaban esa gigantesca entelequia socialista cedieron ante la fuerza demoledora de la verdad, que siempre, siempre se impone.

También por doquier oímos, y a veces escuchamos, cacareos de aquellos que desde sus cascarones ideológicos y evidenciando los vacios conceptuales que pervierten su obrar, se jactan de  ser “revolucionarios”; así como si se tratase de un eslogan publicitario de moda, o de afiliarse a la franquicia revolucionaria del momento.

De “modas” y franquiciantes y franquiciados revolucionarios en los desastres socialistas históricos la sociedad humana sabe bastante. De cómo llegan y de cómo se van. Cómo siembran ilusiones y esperanzas y terminan cosechando escepticismo y anarquía. Cómo siempre concretan apenas una minúscula parte de sus propuestas y propósitos políticos, condenados, cual Sísifo, a no alcanzar siquiera un estatus estable hacia la posibilitación de su utopía.

Pero entonces ¿Qué significa el ser revolucionario? ¿Será que el revolucionario hace lo justo, igualitario y libertario, o, al contrario, es la justicia, la igualdad y la libertad las que construyen y posibilitan al revolucionario?

Es que en este caso el orden de los términos sí altera radicalmente el resultado, pues el revolucionario sin los valores de justicia, libertad e igualdad, es apenas un cascarón ideológico ineficaz, injusto, discriminatorio, excluyente, segregacionista, perverso y pervertidor del concepto socialista.

De manera que el hombre o la mujer, el ser humano, que simplemente lleve en su conciencia la justicia, la libertad y la igualdad; en sus manos la ley, la norma justa; en su corazón la solidaridad y el amor al prójimo, al medio ambiente, al universo; y en el alma la conciencia humilde de su grandeza y de su insignificancia existencial, expresadas en esperanza y fe y resumida en Dios, será revolucionario, independientemente de cualquier perifollaje ideológico.

Sí, ese ciudadano sin lugar a dudas revoluciona  la sociedad, independientemente de cómo se autodefina, de la “clase social” que lo segregue y, sobretodo, de la parcela existencial en la que pretendan relegarlo ideologías falaces.  Porque es la realidad del ser lo que define el concepto del revolucionario, es su actitud para conciliar en lo posible el dicho con el hecho, es su compromiso ético con los principios y valores que lo cualifican.

Llenémosle al ciudadano la alforja de su conciencia crítica con justicia, libertad, igualdad, solidaridad, amor, esperanza y fe, y tendremos un revolucionario hoy, mañana y siempre.
Javier A. Rodríguez G. 


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Estimado Javier,

Lamento informarle que de acuerdo a las Bases del Concurso sólo
se aceptan libros editados y publicados en papel, por lo que los libros
en formato digital no pueden participar.

Ojalá pueda publicarlo pronto en papel y pueda usted concursar en
las próximas convocatorias del Premio Libertador

Atentamente,

Carmen Bohórquez

Coordinadora del Premio Libertador



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Saludos.
 Resulta insólito que mientras la publicación digitalizada de libros
está revolucionando la sociedad humana actual, un proceso
revolucionario reaccione a este paradigma comunicacional y  retrógrada
y contradictoriamente le asigne validez al pensamiento impreso con
tinta y no al tipeado digitalmente... Al final la validez no debería
depender ni de lo uno ni de lo otro, sino de las ideas, nazcan en
donde nazcan, sin prejuicio ni miramiento elitista alguno; porque,
estemos claros, la publicación de libros a lo "tradicional
capitalista" resulta en un "filtro" ideológico que conforma, o
pretende conciliar el pensamiento con el estatus quo, sin importar el
sentido  “diestro” o “siniestro” de su ideología, siempre ha sido así.

Afortunadamente, como lo he dicho, en nuestra sociedad humana existe
una auténtica revolución que hace del conocimiento verdadero
patrimonio común, dándole voz a quienes nunca la tuvimos y que, de
otra forma, jamás la tendríamos. Sí, es así. Ni Google, ni Amazon, ni
La Casa del Libro, ni Lulu, le han puesto cortapisas a la expresión de
mi pensamiento. Amazon me permitió editar y publicar el libro sin
cobrarme un centavo de dólar; y la Casa del Libro  muy gentilmente
abrió sus puertas al pensamiento crítico ¿Empresas capitalistas
revolucionarias?

A todas estas vale preguntarse ¿Puede restringirse el pensamiento
crítico  a existir y ser considerado sí solo sí el autor ha sido
privilegiado o complacido o simplemente corrido con la fortuna de
plasmar sus criterios en pulpa de papel prensada, en vez de estar
codificado en binario dentro de un disco?

Un libro editado e impreso en papel, equivale exactamente igual a otro
editado y publicado digitalmente, no existiendo motivo válido para
diferenciar  la validez del contenido entre uno y otro; resultando
discriminatorio el criterio o norma que lo establezca.

De tal forma que, evidentemente, de ninguna forma voy a publicar en
papel solamente para validar o "legitimar"  mi pensamiento hacia este
concurso o cualquier otro propósito; sino que, como haría el sabio,
simplemente esperaré a que en mi país ocurra una auténtica revolución
cultural, y, seguramente ya no mi pensamiento, sino el de otros tantos
cientos de miles del "lumpen intelectual", puedan expresarse de la
forma que sea; en letras de pan de oro o tóner de fotocopiadora, en
papel de algodón o en bolsas de papel, en libros  bautizados de
esmoquin al aroma de añejo escocés o el publicado en la Web en
entreveros del diario sobrevivir, con un plato de espaguetis al lado.
Un país con una inmensa red de editoriales digitales que hagan de la
cultura una manifestación cotidiana, en donde se pondere el
pensamiento crítico por sí mismo, sin falaces  “formalidades”
clasistas y elitistas discriminatorias. Tiempo al tiempo... Es lo que
le pido a Dios, tiempo para verlo.

Disculpen ustedes la presente, pero no podía dejar de decirlo.
Mil gracias por su gentileza.
Felicidades.
atte.

Javier Rodríguez.
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