viernes, 9 de octubre de 2015

EL HUMANISMO SOCIALISTA (ebook)


  NOTA PREVIA DEL AUTOR

Toda obra o creación humana es la expresión sinérgica de conocimientos, saberes, creencias, valores, experiencias, acciones y reacciones, motorizados por la razón, la pasión y la espiritualidad hacia un desarrollo que discurre momentos y etapas que en su conjunto resultan necesariamente en algo distinto del propósito inicial. Porque las mismas complejidades de los elementos que la determinan dotan a cada obra de una cualidad esencial a su autenticidad y cualidad expresiva: la insatisfacción; es decir, la imposibilidad de alcanzar la plena manifestación intelectual y espiritual. Luego entonces, toda obra será siempre un producto incompleto y cualquier acción que la pretenda será quehacer permanente y búsqueda constante.


Es así como la intención de originalidad en el contenido contextual y el sostenimiento de la hilaridad conceptual despejaron los senderos hacia el propósito de establecer algunos criterios con el fin de concientizar respecto del nuevo paradigma que se vislumbra en los albores de este milenio y que se caracteriza por el búsqueda del encuentro espiritual del ser humano consigo mismo, con la sociedad, con la naturaleza y con el universo; lo que resultó, sin pretenderse de esa forma, en el humanismo socialista. 


De manera que el resultado ha sido básicamente... 
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lunes, 27 de julio de 2015

¡¡ ALGO PASA !!

Algo pasa en la iglesia católica, que a pesar de estar integrada por seres de carne y hueso, cuyos yerros históricos soporta en pesada carga moral; todavía grupos fundamentalistas niegan su faceta humana, mundana, terrenal, y por ende rechazan cualquier posibilidad de error...

Algo pasa en la Iglesia Católica, que mientras los Papas piden perdón por el asesinato de Giordano Bruno, el acoso, censura, amenaza y coacción a Copérnico, Kepler, Galileo etc. etc. etc. y las atroces torturas y asesinatos "legalizados" a quienes como Tomás dudaban, o simplemente por la miseria del interés económico o político. Mientras que al Sumo Pontífice se le cae la cara de la vergüenza por la pederastia y abuso criminal e inmoral de algunos clérigos contra del ser humano, contra la familia, contra la sociedad, contra la iglesia. Amén del mea culpa por haber “bendecido” los crímenes, vandalismos, saqueos y atropellos bestiales a la dignidad humana, por parte de los mal llamados "conquistadores" de la mártir América...  A pesar de todo ello, todavía algunos se empecinan en arremeter con andanadas de sofismas y falacias en contra del cielo de verdades que la historia les echa encima.

Algo pasa en la Iglesia Católica, que un Papa "se "retira" y renuncia" a representar a Dios sobre la tierra, como si se tratase de un cargo burocrático (Algún día se sabrán las verdades tras telón).

Algo pasa en la Iglesia Católica, que un Papa del "nuevo mundo" y bajo la égida de San Francisco de Asís, nos trae la buena nueva del cristianismo; pero no como elocuente enunciado, ni como fe formalizada, elitizada e hipócrita, ni como simple panfleto propagandista; sino como ejemplo, como acto vivo, vivido y por vivir.

Algo pasa en la Iglesia Católica, que al fin tiene un Papa que la reorienta por los auténticos senderos del de Nazaret...

En definitiva, nuevos aires de fe soplan en los albores del milenio dos mil.¡¡"Laudato si"!!

Javier A. Rodríguez G.

domingo, 5 de abril de 2015

Las "mentirillas" de la Historia. Cipriano Castro.

Escuchando ciertas afirmaciones del actual Presidente de la República en donde colocaba al caudillo Cipriano Castro al nivel de los “grandes héroes de la patria”; el gran patriota antiimperialista  y gobernante bueno, honesto  y eficiente que se enfrentó a las potencias europeas y “triunfó”…, pero que luego fue traicionado por su malvado compadre cuando “se fue a Puerto Rico a curarse de una dolencia”…  Criterios repetidos a coro por el Vicepresidente y varios ministros, así como también difundidos por RNV al mejor estilo de “Nuestro insólito Universo”.

Evidentemente que esos criterios, nacidos de las horas de trasnochos de ciertos sectores afines o amantados por la izquierda, forman parte, junto a las correspondientes tesis, posturas  y visiones contrapuestas de la derecha, del muy sutil y a veces académicamente refinado  hilado de “mentirillas” que resultan en el maquiavélico velo de historia oficializada que oculta el verdadero acontecer histórico de nuestra patria.

Es que primeramente la historia de Venezuela ha sido escrita por los sectores aristocráticos y burgueses imperantes, quienes la han configurado a su gusto, gana y conveniencia, con sus héroes, villanos y legados históricos. En tanto que paulatinamente los sectores de izquierda, que esgrimen sin complejo ético alguno como arma política cualquier cosa que se contraponga a ideal burgués capitalista,  han ido yuxtaponiendo lo que ellos llaman “reivindicaciones”  de acontecimientos y personajes históricos, ligados únicamente por el nexo ideológico parcializado que los visualiza, y por ende, sin la vinculación cierta  con las causas, orígenes, desarrollo y consecuencias crudamente reales y auténticamente humanas.

El problema es que entre los criterios convenientes de unos y de otros  seguimos sin revelar el verdadero rostro de nuestra historia. Salvo muy específicos  planteamientos “heréticos” que dan destellos de luces a la verdad, la historia oficializada persiste en hacer de los personajes históricos  sacrosantos dioses que nos determinaron irremediablemente como nación, y por lo tanto está vedada cualquiera duda, cuestionamiento o evidencia que contradiga la lógica y racionalidad del destino manifiesto legado por seres inalcanzables, no por el tiempo que nos distancia de ellos  sino por su carácter cuasi divino.

Luego así, Bolívar, Sucre, Urdaneta, el Marqués del Toro, Ribas, Mariño, Cedeño, Plaza…  son idolatrados en mayor o menor grado por ambos bandos. A Páez lo diseccionan unos entre el antes y el después de la “traición” a Bolívar; en tanto que sus llaneros  y sus Negros Primeros para los dos grupos hubieron sido malvados y sanguinarios realistas cuando se enfrentaron  a los terratenientes que los menospreciaban y les descocían las espadas a latigazos, y que luego desde conciliábulos oligárquicos les hablaban de libertad; hasta que se hicieron los bravos lanceros del Apure,  cuando cambiaron de Taita  y el odio y la venganza por una esperanza de libertad ya no venida de la oferta engañosa del mantuanaje  hipócrita sino nacida de lo vivencial, de la intuición de libertad desbordada y luego reencauzada hacia el hecho libertario; porque en verdad lo que acompañó siempre a aquellos hombres, primero junto Boves y luego a lado de Páez, era la libertad, desde su instinto primario abriéndose caminos , desbrozando los senderos tanto y cuánto les permitía sus circunstancias históricas…

Del que nadie se recuerda es del pobre Piar;  ajusticiado por proponer  otro concepto y acción de luchas que daban al traste con el predominio evidente del  criterio, visión y perspectivas mantuanas en la naciente coalición liberacionista; al final la historia le dio y continúa dándole en parte la razón a  aquel gran líder…

Mientras que el simple soldado sigue siendo para derechos y zurdos tan desconocido como siempre, sólo que ahora le llaman pueblo, luchando ayer por un suelo que ya tenía amo y señor y yendo hoy  tras el señuelo de  un “poder” y un destino en los que solamente hace de chivo expiatorio de un despropósito socialista.  

Obviamente el gran centro de ese Olimpo de divinidades heroicas míticas lo constituye Simón Bolívar. Un ser ultraterrenal perfecto, inequívoco y suprahumano, enviado por la providencia para hacer de Venezuela  y otras 4 naciones un paraíso, lo cual no logró por obra de unos malvados  traidores...bla…bla…bla…

Del Bolívar  “chulo” y mundano, de sus errores, de sus prejuicios, de sus desvaríos quijotescos, de sus vicios y perversiones humanas, de sus estupideces y de los límites y alcances de su liderazgo nos ocuparemos en su momento… Por ahora  digamos algunas cosillas respecto de “el Cabito.”

La Venezuela de la última década del siglo XIX estaba pasando por momentos políticos sociales muy especiales que expresaban y a la vez reclamaban el replanteamiento más que político, existencial integral de la nación, que hasta esos momentos hubo estado desgranada en intereses  manifestados en  la figura política del caudillo, quien con el pretexto de la paz  alimentaba la guerra que lo justificaba, y bajo la excusa de igualdad, justicia y libertad, no lograba sino la detentación del jugosos botín que le representaba una debilitada república “sin republicanos”.

Es que como siempre la historia había superado a los actores políticos. Los viejos caudillos ya ancianos y caducos en liderazgo apenas resollaban políticamente.  Nuevas generaciones de hombres y mujeres con otras expectativas ante sus existencias, ante la nación, ante la república, ante el dilema civilización y barbarie, conformaban el silente ambiente de cambio que se manifestaba por un acontecimiento fundamental que política y socialmente expresaba muchísimo más de lo que anunciaba: la elección de los gobernantes por todos los ciudadanos, hombres y mujeres, mayores de  18 años mediante sufragio público. Porque fuese como fuese esa abolición del machete como argumento político, ese reconocimiento del derecho de cada venezolano a decidir su destino (principalísima condición para la conformación de la república y del republicano, que antes que todo debe ser tener autonomía de libertad), amén del sin parangón derecho al sufragio de la mujer; todo ello significaba  simplemente el epitafio al agonizante caudillismo.

Por supuesto que en esos momentos de quiebre y transición  se generan situaciones de vulnerabilidad político social solamente superables en su justa medida bajo la existencia de un liderazgo político  consciente del momento histórico y dispuesto a actuar en consecuencia, algo inexistente para  aquellas fechas.

Es durante esa frágil situación sociopolítica cuando surge la oportunidad para  Cipriano Castro y su “empresa “,  gestada y financiada  desde el  lado de adentro y afuera de la verja  con Colombia: La revolución liberal restauradora.

Castro no habría pasado de ser uno de los tantos  caudilluelos buitres que hacían rapiña del huérfano poder político, de no ser por la circunstancia del demarcaje  histórico, del evidente quiebre político social de una Venezuela que comenzaba a vislumbrar el siglo XX. Panorama y perspectivas que pronto se irían evidenciando muy sobredimensionadas para el estrecho criterio y las capacidades reales de “el Cabito”.

Porque Castro demostró contundentemente con hechos que  no  era sino un caudillo de  tercera categoría en depreciación acelerada.  En realidad caudillo por suplencia y político de oficio reñido con la ética y la moral, asociado con el honor cuando le convenía y literalmente fornicador con el poder, se ve ante el reto de reconfigurar hacia lo interno y externo, nacional e internacionalmente a la República. Lo primero lo intentó hasta las barricadas de sus propios intereses y capacidad intelectual. Lo segundo ni lo entendió ni lo comprendió siquiera un ápice, siendo la causa definitiva de su caída.

Gobernando en el tiempo libre que le dejaban sus “goces”, Castro estaba entre tres filos: El caudillaje remanente  que, aunque sumamente debilitado, todavía ostentaba parcelas de poder  y estaba al acecho. La creciente oligarquía burguesa, que se reacomodaban hacia la conformación de la república liberal burguesa, como instrumento para  institucionalizar sus privilegios. Y las potencias extrajeras, con la misma depredación colonialista pero ahora con sed de petróleo.

Así que Castro  hace un juego político absurdo y estúpido al envalentonarse y desconocer el cobro histórico de indemnizaciones de varias potencias europeas, cuya licitud hubo debido discutirse en lid jurídica, aunque fuese tan sólo por justificarse ante la historia, y no por el atávico rechinar del machete. Las potencias europeas que estaban ávidas del petróleo venezolano y encuentran al pobre pendejo machete en mano, cuatro barcuelos y la bragueta  a medio subir y oliendo a hembra recién enyuntada, que les retaba.

La única bondad de ese movimiento patriotero de Castro  fue la de asentar  definitivamente en el subconsciente de aquel  colectivo esencialmente analfabeta la necesidad definitiva del gendarme necesario, que garantizase la unión, la paz y el trabajo, planteado tanto hacia el ámbito nacional como internacional. Es decir, Castro  con aquella proclama estaba cavando su propia tumba política, y el pobrecillo ni cuenta se daba.

Pero eso no queda allí, pues lo siguiente es verdaderamente bochornoso.

Aspirando seguramente la protección gringa Castro ha de percatarse de que en tiempos de dificultades con los únicos que en verdad  podía contar era con su papa y su mama, lamentablemente ya fallecidos.  Los Estados Unidos  astutamente  se desentienden de la doctrina Monroe, que en principio implica cierta “unión”, “igualdad” y “solidaridad” entre los americanos, y se arrima al ámbito de poder internacional superior, para luego venir de “salvacoscorrones” a una Venezuela   servida a la carta a las potencias europeas. Siendo ese acontecimiento el paso definitorio de la política real de los Estados Unidos  en nuestro continente en adelante, y  una actuación  clave en el contexto internacional que culminaría durante la segunda guerra mundial con su consagración como gran potencia mundial.

Desde allí todo es vergüenza y deshonor para la patria. Los Estados Unidos fungen de “tercero neutral” y entra a negociar en nombre de Venezuela  en persona de su embajador en nuestro país: Herbert Bowen. ¡¡Válganos Dios!!

Luego así, el Protocolo de Washington de 1903 consistió además de un cobrarse y darse el vuelto por las potencias mundiales, un acto humillante para el “paisito” que hervía de calentera cuando las circunstancias ameritaban fria calma y  astuta cordura. Una nación exponiendo su patrimonio, su honor y dignidad en una “negociación“   en la que no tenía ni voz ni voto; solo la oportunidad de dar “instrucciones”, que le entraban por un oído y le salían por el otro al plenipotenciario venezolano: el embajador estadounidense Herbert Bowen. (Esto y lo siguiente fue como para que Bolívar se revolcase en su sarcófago a más no poder).


El embargo del treinta por ciento de los ingresos aduanales del país para el pago de las acreencias, con las aduanas manejadas por personal extranjero a fin de garantizar el cobro. La ratificación del cobro de las indemnizaciones por los daños acusados a los patrimonios de sus nacionales durante la guerra civil. El desconocimiento doloso de cualquier derecho o justicia en los reclamos de Venezuela, aún ante las reducciones de la deuda a que accedieron para  legitimar la mascarada de legalidad. El pago de la deuda en la divisa de cada país, aunque hubo sido contraída en moneda nacional. Y la consolidación definitiva de la, digámoslo de esta forma, real interpretación de la Doctrina Monroe hacia lo que estaban “predestinados”. Fueron algunos de los “legados” del envalentonamiento desubicado y torpe del compadre de Juan Vicente Gómez.


Desde allí la vergüenza deviene por caída libre en simple y llana desvergüenza.


Es que una vez enfermo Castro parte derechito… ¿Adónde?... Al mismitìiiisimooo imperio…  A “güelerles” las patas al insolente… A Berlín. No a reunirse con lo movimientos socialistas crecientes de la Alemania no. Como un caudillejo tiranuelo de las indias recibido como el “jefecito” que era. Luego a Francia, después a Madrid…  Para terminar asentado en una isla colonia norteamericana: Puerto Rico. (Por si hubiese duda se anexa fotografía de “el cabito” muy flamante en los lares de las potencias invasoras - parís 1908- ). 


Con los boricuas Castro estaba entre dos aguas. Por un lado las de su “bueno y bruto” compadre Juan Vicente, que lo arrimaban con “buena salud” bien lejos de las fronteras venezolanas. Por otra parte las aguas del imperio protector, para el cual representaba solamente un comodín ante una eventual “desviación” de su sucesor, una marioneta que les podía ser muy útil en cualquier momento…


El problema de Castro es que estuvo desubicado respecto de su tiempo histórico. Al actuar con la mera inmediatez y visceralidad del caudillo, cuando las circunstancias requerían además de la inteligente sagacidad negociadora y, sobretodo, la visión y proyección histórica del político. Al no estar consciente de hasta dónde le calzaba el camisón para retar a las más grandes potencias del mundo. Al no entenderse y comprenderse dentro de un contexto internacional que cambiaba exponencialmente y que ya imponía otras actuaciones, en el que Venezuela pudo haber jugado un rol que le permitiese salir avante con un tira y encoge inteligente entre las potencias europeas entre sí y entre éstas y los Estados Unidos (Algo más de una década después esas potencias se estarían matando entre ellas y evidentemente que la situación de una Venezuela “negociadora”  habría sido muy relevante para los intereses de nuestra patria)


En fin, los personajes históricos son lo que fueron y no los que hubiésemos querido que  fuesen. Más o menos buenos, éticos, valientes, honorables o eficientes, ellos expresaron un existir humano dentro una circunstancia determinada y determinadora.


Y  por eso, por ser primeramente humanos y por estar circunscritos a un ámbito histórico, sus acciones tienen las perspectivas y  límites que desde esta distancia  evolutiva divisamos.


Así que Castro hizo lo que su cualidad humana y su momento histórico le permitieron hacer. De cualquier forma  él escribió con hechos páginas importantes de nuestra historia, posibilitándonos, sea como sea,  en nuestra actualidad.


Por eso, al sacarlo del albañal o al bajarlo del pedestal vemos al hombre, al ser humano que en primer lugar vivió, y viviendo  hizo historia, y siendo personaje histórico con su obra, buena o mala, ya es parte de nosotros.


Y es precisamente la cercanía “humana”  de esos personajes históricos la que otorga a sus legados  vigencia y eficacia. Ante “dioses”  nos quedaría solamente el agradecimiento, la resignación, quizás la esperanza del próximo emisario del Olimpo, o simplemente como dice el canto, prenderles una vela.  Mientras que mirándonos en esos seres de carnes y huesos tenemos la posibilidad del aprendizaje, de utilizar el privilegio de nuestra actualidad para ser mejores, que aquellos y que nosotros mismos. Y ello únicamente es posible desde el conocimiento cierto y el planteamiento honesto de nuestra historia.




Javier A. Rodríguez G.


sábado, 7 de marzo de 2015

¿ Quién Fue Juan Vicente Gómez?

Puede resultar difícil y frustrante el estudio y análisis de los personajes históricos, dada la multiplicidad de hechos, acciones, posturas existenciales, condiciones y situaciones individuales, sociales, políticas y culturales que entretejen los criterios que llevarían a aproximaciones más o menos válidas, pero que en todo caso estarían sometidas al reenfoque desde cada perspectiva histórica, pues los acontecimientos, y junto a ellos, los personajes que los concretizan, cambian en su valoración y significado a medida que se comprenden o hilan su lógica existencial dentro de las grandes etapas o bloques en que va configurando su andar evolutivo el ser humano.

Por eso, en vez de tratar de establecer lo que un personaje determinado fue históricamente desde su ser individual, que nos adentraría en un abanico infinito de potencialidades y posibilidades, y limitaría el estudio a la perspectiva histórico existencial del individuo; error frecuente en este tipo de análisis, sustraer al personaje de su circunstancia y endosarle posibilidades, opciones, facultades y virtudes, en niveles, integración y proporciones no ajustadas a las posibilidades reales de su humano existir. Es más sensato y prudente, por tanto, procurar establecer a ese personaje desde su significado histórico , es decir, ubicarlo dentro del contexto histórico evolutivo que lo determina, configura y expresa como experiencia existencial del ser viviente que llamamos humanidad; siendo así más justos, amplios y transcendentes en cuanto a las responsabilidades individuales y colectivas respecto a determinado acontecimiento histórico. 

Así, por ejemplo, el “genio” individual de Napoleón no tiene sustento existencial real sin la revolución francesa y sin la subyacente conciencia monárquica del gentilicio francés. Luego entonces, Napoleón hizo por cualidad propia lo que su circunstancia histórica le permitió hacer. Por tanto, Napoleón fue lo que pudo ser y no todo lo que hubo querido ser. Siendo la mayor o menor correspondencia entre el querer y el poder ser, lo que cualifica la ecuación social que lo concretiza como personaje histórico, y a su vez lo hace factor de otras ecuaciones evolutivas, traspasando así, el ser como posibilidad del individuo hacia el ser como producto y significado histórico. 

De cualquier forma los personajes históricos públicos, y sobretodo los lideres políticos, tienen algunas ventajas que permiten acometer con mejores expectativas la difícil faena de descifrarlos existencialmente.

La primera es precisamente el estar evidenciado públicamente en acción y pasión dentro de un marco histórico, que a la vez determina la perspectiva del análisis o estudio, al alejarlo de particularidades intimistas para convergerlo en el significado histórico cultural que representa, por cuya comprensión y entendimiento las sociedades se conocen a sí mismas, y pueden así replantearse con sensatez y buen juicio desde nuevas formulas existenciales.

La segunda ventaja es el tiempo que media entre la existencia real y concreta del personaje y la actualidad desde donde éste se pondera, lo que ofrece una perspectiva valorativa ética histórica que se enfoca y reenfoca, define y redefine, plantea y replantea en cada actualidad, siendo que el impulso evolutivo se sustenta y fortalece no sólo con el conocimiento per se, sino con la reinterpretación justa y pertinente de la historia, redimensionando los hechos y personajes históricos a su justa perspectiva evolutiva, ubicándolos en su contexto histórico, para entenderlos existencialmente; correlacionándolos con las realidades devenidas, para comprenderlos históricamente; y abstrayéndolos de sus particularidades, para hacerlos aprendizaje evolutivo.

La tercera ventaja de los personajes históricos es que, precisamente y por razones obvias,  ya no pueden cambiar de criterios y hacer que las manos de algún temerario se achicharren.

También cabe considerar que todo personaje histórico, líder político en nuestro caso, tiene como cualidad esencial, comprender su momento histórico y actuar en consecuencia; y aún con el margen de acción que dispone el líder para seguir u orientar o tergiversar las exigencias y fuerza social que lo legitima, aún así, siempre su acción y obrar será un producto socio cultural, siendo absolutamente imposible que algún líder haya podido cambiar la historia, pues ésta se construye  a cada actualidad evolutiva, y por tanto, es imposible cambiar lo que no existe, lo que ocurren son posibilidades evolutivas que se concretizan, siendo esa la cualidad esencial del líder, ser expresión, posibilitador y motor de cambios históricos, para bien o para mal.

De esta forma, Nerón es producto de un vientre con una ubicación sociopolítica privilegiada, y de haber nacido en cualquier aldea romana, seguramente no habría pasado de atormentar lagartijas o de ser un poeta loco de plaza, en el mejor de los casos. Asimismo, Abraham Lincoln, por sus virtudes y cualidades fue erigido por una circunstancia histórica como el hombre necesario para imponer la visión, valores, principios e intereses del norte en aquella atroz guerra civil; luego, esas mismas cualidades se evidenciaban como obstáculo para los intereses de ambos bandos. Hasta Ulysses Grant, un oficial retirado sin pena ni gloria, siendo dependiente en el comercio de pieles de su padre, brilló por sus cualidades de estratega y principalmente por la forma pertinente y eficaz con que actuó frente a una guerra entre hermanos; sin esa guerra, Grant a lo mejor no figuraría más allá de la memoria convencional del epitafio. Hitler, rechazado dos veces por una institución de artes plásticas elitista y excluyente, se hace recluta hasta alcanzar el relevante pero tristísimo papel en la historia contemporánea; a lo mejor, de haber sido admitido en la institución de arte, algunas pinturas serían su memoria; o si hubiese muerto de hambre, quizás habría servido a la humanidad de incognito en alguna escuela de medicina. El mismo Bolívar, en otras circunstancias históricas probablemente no habría pasado de ser un “buen” terrateniente idealista y disconforme ante su realidad social; o si hubiese muerto en la caída del fuerte de Puerto Cabello, que estaba a su mando, la historia lo reseñaría por su discreto papel en los sucesos históricos precedentes; o si lo hubiesen asesinado o caído en batalla antes de la campaña admirable, sería hoy visto como un precursor y no como El Libertador.

En fin, la historia es un complejo entramado evolutivo  de hechos y acciones que expresan posibilidades concretadas dentro de marcos concéntricos de circunstancias, próximas o amplias, inmediatas o distantes, que las configuran y determinan. Y es dentro de ese entramado donde el líder político histórico se concretiza, como expresión de una posibilidad que posibilita posibilidades, es decir, surge como producto de un trascurrir evolutivo y se desenvuelve dentro de un ramal de opciones determinadas por un momento histórico, que a su vez responde a tiempos o etapas evolutivas delimitadas por las perspectivas que le revela al ser humano su conciencia histórico evolutiva.

Siendo precisamente desde allí, desde esta perspectiva evolutiva y desde esta conciencia histórica, que se intentará establecer con la mayor justeza posible el perfil político, social y cultural de Juan Vicente Gómez, como personaje principalísimo en la conformación de la Venezuela contemporánea.

Juan Vicente Gómez

Respecto a Juan Vicente Gómez existen entreverados criterios; desde los abortos mentales lisonjeros de notables intelectuales, que lo elevan a niveles santificados, hasta las proclamas de monstruo, salvaje y sanguinario, de sus adversarios políticos; pasando por la aprobación sincera o interesada de unos, la resignación al mal menor, de otros; amén de la aceptación como algo necesario y natural al orden y a la paz social. Pero ¿quién en realidad fue política y culturalmente este personaje? y  ¿cuáles hechos y circunstancias lo configuraron históricamente y le permitieron  ejercer el poder  “absoluto” durante 27 años?

Las Circunstancias Históricas

A la ascensión al poder de Gómez lo preceden 78 años de la estructura caudillista heredada de la independencia. Estructura que, como tal, no se circunscribía a los cabecillas o caudillos que se hacían con el poder central, sino que comprendía a un rosario de jefes "caudillitos" regionales que expresaban el criterio feudalista del poder, y por ende, una conciencia casi inexistente del Estado como expresión natural del poder soberano. Luego, ante la precaria fuerza del Estado, es el poder de los diversos grupos o facciones el que se impone y la suplanta, por lo tanto, siempre serán gobiernos de facto, carentes de toda legitimidad auténtica, aunque sí validadas por su aceptación como forma natural de funcionamiento de la sociedad. Así como se justificaba el duelo por honor, el vencedor en los campos de batalla tenía derecho a ejercer el poder político.

Era la cruda realidad social que imponía la lid del machete al mandato de una Constitución que, como siempre, hacía de simple guirnalda a una República falsa, pues era la voluntad del caudillo la que al final prevalecía; aunque por su esencia, las leyes, derechos y garantías, expresaban una conciencia subyacente hacia el Estado, que debía ir horadando los asientos sociales del Caudillo.

En ese ambiente caudillista se observa un denominador común: Hasta la llegada de la revolución restauradora con Cipriano Castro y Gómez, la lucha se produce entre los tres estamentos del poder social y político, configurados y definidos desde 1830: Uno: la estirpe de los “héroes” independentistas, sobrepasados por su obra y ya doblegados por las nuevas circunstancias político sociales. Dos: los aristócratas terratenientes de casta, supervivientes de la Capitanía General, que buscaban un reacomodo entre la realidad social y la forma tradicional en que ellos concebían el acceso, control  y usufructo del poder político y social. Tres: la burguesía evolucionada desde los planteamientos de la república burguesa de 1810, liberal de pensamiento y conservadora de acción, pero definitivamente con formas más sutiles de dominación y persuasión sociopolítica.

El entrecruzamiento y enfrentamiento entre esos tres estamentos configuraran casi ocho décadas de agitada historia caudillista, con trío de personajes que en mayor o menor medida los expresan: José Antonio Páez, Guzmán Blanco y Joaquín Crespo. Tres líderes que sustentan el aparato económico político del caudillismo. Tres expresiones del mismo mal: la inexistencia del Estado. Tres depredadores de los bienes de la nación. Tres “autoridades” militares, intelectuales y sociales pero no éticas. Tres grandes caudillos que aún juntos no alcanzaban el mínimo nivel de conciencia político social y ética para asumir la exigencia histórica de configurar el Estado venezolano. Por eso el tiempo, mejor dicho, sus hechos, los fueron deslegitimando hasta morir en potencias extranjeras, inmensamente ricos pero cascarones espirituales y éticos. El último sí moriría en su patria, asesinado por una estructura político social que se negaba a cambiar, pero también, por su ambigüedad ante la definición y desprendimiento que las circunstancias sociales le imponían.

Es que desde 1830 hasta 1890, el control del poder consistió en enroques entre eso tres estamentos, que al final concluían en el sostenimiento del mismo mal que los originaba: la estructura político social feudalista. Cuyos vaivenes o inestabilidad conformaban un modus vivendi  que sostenía el círculo vicioso que impulsaba falazmente los pequeños cambios sociales, hasta el punto de constituirse el caudillismo como una gran “empresa” nacional, cuyo producto era el botín del poder, suculento para unos pocos y migajas para la gran mayoría de acólitos, pero al fin y al cabo  mejor que la nada a la que estaban condenadas las grandes mayorías paupérrimas de esa Venezuela.

Esa concepción caudillezca primitiva, pragmática y fácticamente justificada de la política y el acceso al poder como forma de beneficio personal y no de servicio al bien común, mutatis mutandis ha prevalecido hasta la actualidad, configurando a los partidos políticos surgidos desde el primer tercio del siglo XX, siendo, en consecuencia necesaria, la causa primera de su deslegitimación y estrepitosa caída, la autodepredación que sus criterios subyacentes acarrean.

Empero, esa empresa caudillista se fue agotando en tanto y cuanto las exigencias sociales se incrementaban, en parte, merced a los cambios sociales leves que ella misma propiciaba; además del alejamiento generacional del hecho independentista, de la inevitable concientización progresiva hacia el Estado y  del revolucionar cultural, científico y tecnológico que comenzaba a sacudir a la humanidad.

Es innegable que el caudillismo tiene un componente ideológico subyacente inspirado del hecho independentista, valorado como simple producto de la voluntad y no de un proceso evolutivo, lo cual explica la miopía político social del caudillo. Resultando que la retahíla de revoluciones de los dos últimos tercios del siglo XVII en Venezuela no fueron sino meras pantomimas del proceso independentista, donde cada actor pretendía encarnar al héroe preferido de la independencia, un inconsciente juego social que constituía una piedra de Sísifo, una empresa de tontos, en la que la gran mayoría se robaba a sí misma y solamente una minoría usufructuaba realmente el poder.

Pero el alejamiento generacional de la independencia fue ampliando la perspectiva histórica de ese hecho, y con ello la conciencia de su valor, significancia y ubicación histórica, pasando de la simple imitación al válido y lógico usufructo de esa magna gesta, es decir, a su auténtico y legítimo aprovechamiento evolutivo; ya no ser iguales a aquellos héroes de otros tiempos y otras circunstancias, sino, desde su obra potenciar mejores realidades. Estaba naciendo la conciencia evolutiva como nación, y con ella las nociones intuitivas del poder soberano, gestándose así los rudimentos del Estado, que paulatinamente irían deslegitimando la estructura político social y cultural del caudillismo.

También debe considerarse la influencia, sin lugar a dudas determinante, del impulso exponencial de lo que sería la gran revolución científico tecnológica del siglo XX, que empezaba a moldear las mentalidades de aquellas gentes, desde los simplismos de vida conformistas y paretianas, hacia abstracciones  existenciales que replanteaban y o configuraban conceptos como la nación, la patria, la sociedad y el Estado, lo que implicaba un inobjetable cambio cultural.

Todos estos elementos configuran una aspiración verdaderamente revolucionaria que es recogida en la Constitución de 1878: La votación universal, aunque pública, de todos los ciudadanos, hombre y mujeres mayores de 18 años. Afirmación de un Derecho Humano fundamental que implica el reconocimiento tácito del poder soberano de cada ciudadano, de su igualdad política, de la sociedad como promotora  y proyección axiológica de la persona y del Estado como entidad superior que la factibiliza, arrogándose y regulando el poder por sobre cualesquiera intereses individuales. Implicancias  que significaban artera estocada a una estructura de privilegios y explotación atroz, que debía, tenía que hacer algo para evitarlo.

De tal forma que para la última década del siglo XVIII Venezuela evidenciaba los efectos desestabilizadores del enfrentamiento entre esas dos concepciones culturales; entre un feudalismo que se resistía a morir y un Estado de derechos y garantías que iniciaba a nacer, de forma muy lenta pero natural. Situación que exigía la existencia de un liderazgo fuerte, capaz de asumir las nuevas demandas sociales y poder así contrarrestar la inercia del feudalismo y de su expresión política: el caudillismo. Papel que le correspondería ejercer timorata y ambiguamente a Joaquín Crespo, quien no tuvo el suficiente desprendimiento de sus intereses hacia el propósito que las circunstancias le exigían, contribuyendo a la mayor desestabilización político social, lo que aprovecharon los criterios conservadores y reaccionarios, inclusive de su propio bando político, para desaparecerlo de la escena política, percatados del potencial rol decisivo que podría jugar en esos momentos cruciales de sobrevivencia pura y simple del feudalismo.

El Mocho Hernández y el Fraude Electoral

En este ambiente político social y económico endeble y enrarecido se producen las elecciones presidenciales del año 1897. Los viejos caudillos, enfermos, deslegitimados y caducos apostaron al juego electoral y no a la fuerza de los machetes, más que por ellos, por el instinto de sobrevivencia de la estructura, principios y valores que representaban; pero la evolución no los perdonó, sepultándolos definitivamente políticamente. Es electo un civil, intelectual discreto en liderazgo y apadrinado por Joaquín Crespo, con 406.603 voto contra 2.203 del caudillo llamado el Mocho Hernández, y la insignificancia de 152 votos para Guzmán Blanco…. Resultado alegado como fraudulento por el Mocho Hernández (quien hubo recorrido todo el país en la que es reseñada como la primera campaña electoral propiamente dicha, con “mítines” políticos y todo). En consecuencia Hernández desconoce al gobierno electo y se alza en armas, evidenciando la farsa de su pretendida participación democrática, pues la diferencia astronómica entre la votación obtenida por el ganador y la suya, 0,6% de aquella, no da margen para la mínima sensatez argumentativa, pues en todo caso demostraba una debilidad política que en buena lid, en sano criterio y en astuta estrategia, debía ser solucionada políticamente. Ese era el rol político que pudo haber jugado Hernández; pero su instinto caudillezco, o acaso sus verdaderas intenciones, prevalecieron, apelando a la inmediatez del machete cuando la realidad le exigía la sutil estrategia del político que mira a largo plazo. Porque finalmente Hernández no era sino, como todos los activos en esa época de decadencia del caudillismo, un caudillo de segunda o tercera monta,  venido en actor principal por las vacantes de una estructura que se derrumbaba. Al final pasaría sus últimos días donde todos: a la sombra del imperio yanqui.

 

La Revolución Restauradora… (¿Del caudillismo?)

En ese ambiente de inestabilidad e incertidumbre social y política; con el caudillo Joaquín Crespo recién asesinado, el "alzao" Mocho Hernández bajo rejas y los pequeños caudillos regionales con más fama que poder real; la oligarquía, confusa y con sus flancos conceptuales justificatorios y legitimatorios hechos pedazos, necesita urgentemente una salida que coarte definitivamente los nacientes derechos y libertades políticas que, desde sus intereses y privilegios, les implicaban el caos y la anarquía social, consecuencias comunes con las que se descalifican la libertad, igualdad y justicia autenticas; por ello debían ser relativizadas en procura del orden , la paz y el bienestar social , lo cual, desde el planteamiento de grupos intelectuales conservadores, únicamente se logra mediante la instauración de gobiernos “duros” que garanticen el orden y la paz, vale decir, el mantenimiento de los estamentos sociales con los privilegios que implica, a la vez que se crean ciertas condiciones, ilusorias unas ciertas otras, que mantengan el saldo social en el mínimo permitido para la "estabilidad" del sistema. Esa ha sido la salida común de todas oligarquías ante el a veces muy lento pero avasallante al fin, evolucionar político y cultural de las sociedades, la creación ilusoria del gobierno duro y bueno, el surgimiento del “gendarme necesario”, tal como años después lo justificarán los acólitos intelectuales del régimen gómecista.

Precisamente la oportunidad dorada se les presenta con el triunfo de una “revolución” cuyo nombre parecía hecho a la medida de las aspiraciones de los estamentos conservadores: la "Restauradora". Pues ciertamente, ésta venía a dar al traste con los inmensos logros políticos que pugnaban por imponerse, reviviendo los ya caducos criterios caudillistas, dándole así el oxigeno necesario a esta estructura para mimetizarse y configurar a su conveniencia el incipiente Estado que insoslayablemente se les venía encima; sobretodo por un elemento que ya se vislumbraba  como determinante en ese cambio político social, y al cual había que ponerle la mano y controlarlo: el petróleo.

El monigote de caudillo que sin quererlo específicamente ellos ni él, les serviría la mesa, estaba presente: Cipriano Castro. Sujeto audaz y temerario que estiraba sus posibilidades intelectuales tanto como lo hacía con su cuerpo para aparentar mayor estatura y prestancia. Era la sangre fresca para el acometimiento de tal atavismo político, con la suficiente sed de poder, por haber sido marginado de él durante décadas, y con el necesario atractivo financiero para reactivar la corporación caudillezca, merced a grupos depauperados que frente a unos nacientes derechos constitucionales etéreos reapostaban a las monedas y al botín del caudillo.

Cuando la historiografía reseña esta revolución restauradora como la campaña épica de algo así como 60 hombres que marchan hacia Caracas y toman el poder… Cabe pedirles luego que cuenten una de vaqueros…Nomás vale analizar algunos elementos para dar al traste con tan adulador sofisma.

Hacía ya diez años que Castro, exiliado en la ciudad de Cúcuta, en Colombia, asimilaba su fracasado alzamiento; resultando ilógico que ahora viniese con romanticismos y heroicidades a lanzarse a otra aventura con únicamente sesenta hombres. Tal vez alguien argumente el carácter temerario y explosivo de Castro, lo que pudiere ser considerado como una posibilidad, pero no así el caso de algunos terratenientes que lo acompañaban, para quienes el “alzamiento” era literalmente una “empresa”, con sus riesgos lógicamente, pero con sus evidentes y concretas posibilidades de éxito, pues capitalista no invierte si no va sobre seguro. De tal manera que en esa década de exilio los gochos, con un olfato acertado de su realidad política, estuvieron al acecho, esperando “en la bajadita” el declive de la estructura; contactos, promesas, uniones pautadas previos avances o triunfos e inacciones compradas... En fin, la revolución restauradora no fue esa acción romántica y épica que nos pretenden hacer ver, sino una empresa orquestada y planificada con capitales nacionales y Colombianos, no siendo de extrañar, aunque suene paradójico, que de alguna forma en ella haya estado metida la mano yanqui… Y a lo mejor, la “entrega” de la Guajira por el tratado Santos-López de 1941, no fue sino el simple pagarse y darse el vuelto…

Lo cierto es que con la entrada triunfal de Castro a Caracas se daba al traste con el incipiente Estado y se volvía al gobierno caudillista, intransigente y sectario, constituyendo la justificación ideal para movilizar a los sectores conservadores hacia el derrocamiento de “el Cabito” y la instauración del buen gobierno duro, que ya la realidad conceptualizaba en aquella sociedad. Así, marchan todos esos sectores de terratenientes y burgueses comandados esta vez por un caudillo económico, el verdadero poder detrás de poder caudillista. Pero el carecer de liderazgos legítimos y sin autoridad moral para movilizar las masas hacia sacrificios mayores, le sirvieron en bandeja de plata la heroicidad a un campesino analfabeto que se constituiría en el benemérito pacificador e instaurador de la unión, la paz y el trabajo, el buen y duro gobernante, el gendarme necesario.

Del “bueno y bruto” al “Pacificador” y “Benemérito”

Así pudo Juan Vicente Gómez regir a Venezuela durante 27 años. Llegado sumiso de la mano de Castro (por cuenta y liderazgo propio jamás lo hubiese hecho). Impulsado por su apoyo financiero, que de una vez le otorgaba condición privilegiada dentro del movimiento. Y por esa característica  de inteligencia y astucia expresadas lo necesario  y disimuladas lo conveniente, para no retar intereses que evidencien sus carencias ni causen conflictos inútiles que resten en vez de sumar, característica típica del terrateniente del lado de acá de la verja con Colombia. Esas cualidades las expresaría y puliría Gómez en los nueve años que fungió como la sombra de Castro. Mientras “el Cabito” se peleaba con la oligarquía local y con las potencias extranjeras, el “bueno y bruto”, como lo tildaba sinceramente su compadre Presidente, alternaba con la oligarquía y con los representantes de las trasnacionales.

Cipriano Castro fue el mentor político y responsable del ascenso hasta el poder de un campesino analfabeta como Gómez. El desarrollo posterior, su sostenimiento en un entretejido de intrigas, adulancias, hipocresías y traiciones, seria obra de las cualidades y capacidad de este personaje para manejar el poder; aflojando y estirando las riendas cuando es necesario, siendo bueno y generoso cuando le es conveniente, y malvado cuando las circunstancias lo ameriten; jugando excepcionalmente sicológicamente a la incertidumbre de sus interlocutores respecto de sus reacciones, cuya inseguridad los pone enseguida en desventaja; creando una barrera emocional con su entorno, lo que abre las puertas para la reverencia y la mitificación. Condiciones muy comunes a los gobernantes de su estilo, la aplicación de las consejas maquiavélicas por pura intuición.

Pero hay una cualidad imprescindible a la existencia histórica de Gómez: la amoralidad, la ausencia de cuestionamiento ético alguno respecto de sus actos, respondiendo éstos solamente a intereses, conveniencias y hasta a responsabilidades afectivas, pero sin sometimiento alguno a directrices morales y espirituales. Esa es la condición sine qua non para el triunfo de un autócrata, jefe mafioso y todo por el estilo. Empero no se trata de la maldad por maldad, sino de una maldad justificada, mejor dicho, de la legítima defensa ante un proyecto honesto (sincero), es decir, gajes del oficio, la maldad como función necesaria que se realiza en horario laboral.

Por eso lucen intencionalmente falaces algunos historiadores que exaltan en Gómez las cualidades gerenciales y el amor por su familia, como atenuantes de su responsabilidad en el terror y violaciones de los derechos y garantías fundamentales que necesariamente debían sustentar su régimen, lo cual evidencia, o intencionalidad engañosa o desconocimiento supino acerca del comportamiento de estos personajes (Al respecto cabe decir que algunos de los jefes del nazismo que ordenaban y presenciaban la masacre atroz de miles de mujeres y niños, eran reconocidos por ser excelentes padres de familia y “amantes de los niños”. El mismo Goebbels y su esposa Magda se suicidaron luego de asesinar a sus 7 hijos, por amor a Hitler, quien “adoraba” a esos niños…)

En cuanto a su experiencia de gerente exitoso; ubiquémonos en aquel contexto de  1895. ¿A qué se podía reducir la labor de un pequeño hacendado heredero, con actividades productivas muy reducidas y regidas por la tradición?, cuya riqueza, además, era muy relativa, dados sus estilos de vida tan austeros.

También se argumenta ante el analfabetismo de Gómez, la dificultad de acceder a la educación, aún para las clases adineradas. Lo que es cierto, pero también es verdad que la cultura se abre paso por veredas y atajos, y en las fechas contemporáneas a la de Gómez hallamos a pequeñas familias propietarias que sabían muy bien leer y escribir con excelente caligrafía; y hasta hacían versos, inclusive, alguno que otro llegaban a bachilleres y a la universidad. Ejemplo de ello fue José Gregorio  Hernández, surgido de una pequeña familia propietaria en una zona menos próspera para la época que las fronterizas tierras tachirenses. Esto sugiere que Gómez provenía de labriegos natos, sin ninguna inclinación intelectual, lo cual permitiría el despliegue de su inteligencia innata sin cortapisas ideológicas, elemento definitorio de la eficacia elemental y primitiva que sustentaría su régimen. Tal como lo requería la burguesía ilustrada.

Para 1908, Juan Vicente Gómez está persuadido de que los estamentos sociales privilegiados, en connivencia con intereses foráneos y convencidos de su ignorancia, ambición, falta de escrúpulos y de esa forma tan burda pero eficaz de manejarse en el poder; desean hacerlo el tonto útil al establecimiento del régimen de fuerza, complaciente y servil, que les permita retomar el poder mediante la instauración de un Estado a su real antojo, mientras se deshacen de él por sus propias torpezas e incapacidades.

Así, Gómez espera la concreción de la circunstancia que ha venido labrando durante años, que le permitirá ser protagonista principal de la historia contemporánea de Venezuela, en un régimen de casi tres décadas, en el cual coexistirán la configuración progresiva del Estado burgués venezolano  y la figura del buen padre de familia, bondadoso y justo, y severo e inflexible, el nuevo Taita, el último gran caudillo, el gendarme necesario, maquinado y justificado desde la intelectualidad conservadora.

El Gendarme Necesario, el Estado Liberal Burgués y la Tutela Militar Democrática


El primer paso para la consolidación del Estado Burgués era la conformación inmediata de un poder institucional que se impusiera definitivamente a las distintas fuerzas fácticas regionales que  servían de sustento al caudillismo, concretándose así su muerte formal. Pero esto no hubiese podido ocurrir sin la paulatina deslegitimación y degradación del caudillismo como estructura político social, que ya era un hecho. Sin la estructuración de una fuerza militar que impusiera y defendiera sin cortapisas el poder instituido. Y sin el fortalecimiento económico del Estado, para cubrir los costos operativos de sus entes burocráticos y para hacer atractivo al interés colectivo el rudimentario Estado de bienestar regido por un gendarme necesario, que promovían bajo el eslogan de unión, paz y trabajo; y esto lo garantizaba el “oro negro” que guardaba en su vientre esta tierra de Dios.

Precisamente, el pecado original de la Fuerza Armada es haber nacido a la luz de una autocracia y haberse constituido en su sustento de fuerza, y por ende, cómplice necesario de sus crímenes y atrocidades. Lo curioso es que la fuerza militar siempre se justificó en la defensa de la institucionalidad que subyacía y no del régimen autocrático al cual soportaba.. Así se presentaron con sus caras muy lavadas a la muerte de Gómez, asumiendo el protagonismo en la llamada “transición”.

El problema para los estamentos conservadores, es que Gómez permaneció más en el poder de lo debido, cuando lo quisieron sacar no pudieron, y cuando pudieron no les convenía. De tal forma que el "campesino analfabeto" se las jugó muy bien a su interés y conveniencia, con seguridad y claridad asombrosas. Tan consciente estuvo de su rol, que no se preocupó en nombrar  ni promover cualquier forma de sucesión, pues bien sabia que el gomecismo, del cual desde hacía ya rato en fuerza real, en ánimo y disposición se sentía un simple adorno, moriría con él. Jamás pretendió ir más allá. Desde su ascenso al poder en 1909, sabía que la jugada consistía en sobrevivir a su traición, y así jugó y ganó.


Empero, la burguesía al fin y al cabo salió bien librada de esa especie de mutualismo político: Ganó tres décadas para su replanteamiento existencial, conformando una fuerza militar a su servicio bajo obediencia debida, recapitalizándose merced a las rentas petroleras, privilegiándose en el acceso, disfrute y control de las nuevas tecnologías, y  formando en las universidades un nuevo tipo de caudillo que les garantizaría el mantenimiento y perpetuación de sus privilegios: los caudillos políticos, expresados en la llamada generación del veintiocho.

La Transición

Hasta la primera etapa de la transición todo marchaba conforme al rumbo aspirado, es decir, la sepultura del gomecismo y la instauración progresiva del Estado liberal capitalista burgués. El problema se presentó cuando comenzó a perder fuerza el necesario consenso dentro de los grupos de poder. Resultando que la inercia política llevó a que en realidad el gomecismo continuara gobernando durante muchas décadas más. Primero, en manos del sector proclive al gobierno duro, a la cabeza de Eleazar López Contreras. En segunda instancia, en manos del sector más garantista y democrático representado por Medina Angarita y Uslar Pietri, ambos pro gomecistas moderados y burgueses de línea dura. Y finalmente, expresándose difusamente en una dictadura militar.

Luego entonces, al tira y encoge de los dos sectores gomecistas se les presentan obstáculos políticos no previstos en esas magnitudes: Grupos comunistas de creciente fortaleza política; surgimiento de varios movimientos políticos liderizados por algunos burgueses o aburguesados de la generación del 28, de pretendida inspiración de izquierda y de un incipiente descaro populista; la presión manifiesta de los ultraconservadores del gomecismo; y las aspiraciones crecientes de grandes sectores sociales. Todo lo cual, ante liderazgo endeble de los personajes llamados a culminar la conformación del Estado burgués de línea dura, encabezados por Medina Angarita como soporte militar y Uslar Pietri como legitimación ideológica, pero principalmente, por la mezquindad de cuidar y trastocar en lo menos los intereses burgueses y el carácter de Estado fuerte que aspiraban; le hizo alfombra roja a la última camada de oficiales gomecistas, bajo directrices ideológicas y procedimentales subalternas a intereses foráneos, y aliada con nóveles movimientos políticos socialdemócratas, para imponer de cualquier forma el tutelaje militar sobre el Estado, que luego, ante el creciente oleaje de exigencias y reivindicaciones sociales, sería llevada por la derecha hacia la conformación de una dictadura militar de corte fascista.


Y sería al final de esa dictadura (1958), última expresión política directa del gomecismo, que se instauraría el Estado liberal burgués. Empero, lógicamente ya con “nuevos hombres”: los caudilluelos políticos de la “generación del 28”. “Nuevos ideales”: la socialdemocracia, ideología de derecha enmascarada de izquierda. Y “nuevos procedimientos”: el populismo. Pero siempre con el mismo fin: la prevalencia e imposición de la burguesía como verdadera usufructuaria del poder …   El problema fue un simple error estratégico, pues la burguesía gomecista hubo planificado conforme a los tiempos evolutivos de comienzos de siglo, que ya eran rápidos en relación al pasado reciente, sin considerar la aceleración exponencial del siglo XX. 


El Gomecismo

De manera que el gomecismo, comoi estructura ideológica sociopolítica, determinó la vida política de la Venezuela del siglo XX: En cuanto a la creación y justificación del “gendarme necesario”, primero personificado por la figura de Gómez, y luego progresivamente asumida por la institución militar, bajo la figura del tutelaje militar democrático, que persiste en la actualidad. En cuanto a la necesidad de gobiernos fuertes que garanticen el orden y la paz, entendiendo el orden como el mantenimiento de los estamentos y privilegios  sociales, por ser naturales y necesarios, y la paz como la aceptación o resignación a las desigualdades básicas estructurales naturales en la sociedad; cuya mejor expresión eufemística fue la llamada “democracia con energía”. En cuanto a la justificación y legitimidad del uso de la fuerza, por sobre derechos y garantías individuales, para preservar la unión, la paz y el trabajo. En cuanto al criterio caudillista en la actividad política.

La coexistencia de una autocracia y una institucionalidad creciente, justificadas por la figura del gendarme necesario, dotan al gomecismo de características especialísimas que lo prologaron en sus efectos durante todo el siglo XX. Es por ello la gran variedad y cuasi contradictoria gama de acólitos, amigos, simpatizantes, colaboradores, beneficiarios y defensores del régimen. Siendo la gama amplia, desde un López Contreras hasta un Medina Angarita; un Vallenilla Lanz o un Gil Fourtoul, hasta un Uslar Pietri o un Briceño Iragorry.

Ciertamente Gómez y el gomecismo son consecuencias necesarias del caudillismo, por una parte, y de los intereses burgueses, por otra. Concebido desde la óptica de unos estamentos privilegiados que pretendían sobrevivir o imponerse a toda costa, implicando en todo caso un retroceso en las perspectivas políticas que se vislumbraban en el alba del siglo XX.


Así, muchos factores coadyuvaron en su concreción: La ausencia de liderazgo fuertes consecuentes con las circunstancias y exigencias políticas de ese momento. El impulso y triunfo de la revolución restauradora y el restablecimiento del caudillismo. La torpezas de Cipriano Castro, al pecar de nacionalista, enfrentándose a la vez con potencias extranjeras y con poderosos grupos financieros internos, lo que decretaba de facto su caída; pero principalmente, por la prepotente y torpe subestimación  del “bueno y bruto” de su compadre, obviando detalles reveladores de su intencionalidad; siendo su principal desatino, haberle dado el protagonismo en el enfrentamiento de la Revolución Libertadora, un error fundamental que pagaría con creces.  La creciente demanda de petróleo que hacía de Venezuela un blanco de apetencias trasnacionales. Y la existencia del personaje  apropiado en el momento justo y dispuesto a actuar en consecuencia: Juan Vicente Gómez.

Entre al constituciones de 1878, 1901,1909, 1931 y la de 1945, existen diferencias conceptuales abismales. La de 1878, recoge magistralmente como progresión evolutiva natural, la muerte de una estructura, la caudillista, y el surgimiento de una conciencia política que se pretendía tan alta como lo es el reconocimiento del derecho al sufragio universal y libre (aunque público). La de 1901, expresa el restablecimiento del caudillo autócrata, pero ya no sustentado fuertemente en los caudillos regionales, sino atomizando sus liderazgos en expresiones municipales, tal vez más cerca del creciente ciudadano, tal vez  ahora más fácil de controlar, merced a los “nuevos procedimientos”; se eleva la edad del sufragio a 21 años, se suprime la elección directa y el derecho al voto de las mujeres, amén de establecer insólitamente de forma expresa, la posibilidad del “preso político”. La de 1909  es de evidente espíritu, propósito y razón caudillista, legalizadora de la autocracia; vuelve a la elección del “Presidente de la Unión” por el cuerpo legislativo, devolviéndole alguna fuerza a los caudillos regionales. La de 1931 pinta con detalle  al gomecismo: Una autocracia concebida para fenecer junto a su titular, a la par de una acción institucionalizadora hacia el Estado Burgués, conformado ilegítimamente bajo la fuerza de un gendarme necesario; expresada ya en ciertos indicios de centralización política y en regulaciones laborales y de industria; develando ella misma uno de los motivos impulsores de su “preocupación” por lo social y laboral, sobretodo: La proscripción del “comunismo”. La de 1945, recoge claramente el Estado burgués en formación; las “contradicciones” entre el Estado querido y el posible; su “legítima defensa” con puñalada trapera enmascarada en jugada política: levantando la proscripción del comunismo pero a la vez manteniendo la elección presidencial de segundo grado, limitando el derecho del sufragio de la mujer al ámbito municipal, y la aberración de las aberraciones, coartando el derecho al voto a la población analfabeta, es decir, a las grandes mayorías.

El Petróleo. La Revolución Silente

La historia político social del siglo XX no puede comprenderse sin el elemento que la configuraría y  determinaría para siempre: El petróleo. Especialmente la figura de Gómez, como personaje histórico, está enyuntada a los intereses que por el oro negro comenzaron a mover el ajedrez político internacional desde los albores del siglo XX. Inclusive, el asedio de las potencias europeas durante el gobierno de Cipriano Castro respondió, sin duda alguna, al inicio de la rapiña de las potencias por el combustible llamado a mover la maquinaria industrial y tecnológica del siglo que nacía, y con ello, a configurar en adelante una forma existencial del ser humano.

Más allá de las acciones injerencistas de las potencias, de las concesiones complacientes de Gómez, de la rapiña a los relativamente exiguos ingresos petroleros, y de las consecuencias del “enroque” del centro de gravitación de la explotación petrolera, desde un inestable y radicalmente nacionalista México, hacia una complaciente Venezuela; existe un elemento que generalmente pasa por debajo de la mesa: La revolución social silente que el petróleo hacía fluir desde los estratos desposeídos de la sociedad, para arrasar definitivamente al feudalismo como estructura político social.

Es que aparte de todo el historial de explotación y de la amplia gama de atrocidades sufridas por los obreros pioneros en la extracción petrolera, es indudable que relativamente los ingresos acumulados que obtenían significaban buenas fortunas en comparación con los ingresos ordinarios de cualquier obrero o jornalero para la época, con las expectativas de beneficio económico de los grandes masas depauperadas, y con la lerda e ineficiente capacidad productiva de la estructura económica sustentada en los terratenientes. Porque, cabe recordar que en esta estructura de corte feudal, la riqueza radica esencialmente en el privilegio de la mera tenencia de la tierra, en cuanto  provee los medios inmediatos de subsistencia, garantizando la sobrevivencia dentro un sistema económico productivamente estancado y de un Estado prácticamente inexistente; por lo cual el terrateniente se erige, para su entorno inmediato, en sinónimo de estabilidad y garantía de subsistencia, siendo esa la fuente de su fuerza y significado social, y, en nuestro caso, el sustento del caudillismo: la disgregación del Estado en expresiones regionales fácticas que soportan el poder en la “estabilidad” y “seguridad” de sus tierras y en el precario “orden” establecido en torno del privilegio de su tenencia.

De tal forma que si nos alejamos de la visión típica burguesa de mirar y contar la historia desde la fachada que es Caracas, “la sucursal del cielo”, y un "interior del país" que es “puro monte y culebras”; y sin el discriminatorio, excluyente y absurdo criterio que afirma de carácter nacional todo lo ocurrido en la capital, e inexistente o de poco valor lo que ocurre allende del valle de los caracas; encontramos el caso común en diversas regiones, de peones de haciendas y “muchachos de mandados” que luego de laborar en la industria petrolera, sea como sea, regresaron a sus ciudades, poblaciones y caseríos con mayores medios económicos que los que pudieron haber generado sus antiguos patrones terratenientes durante décadas, incluso, muchos les adquirieron sus casas y tierras, otros establecieron negocios y comercios, conformando progresivamente una nueva burguesía. En definitiva, la estructura productiva y la relación de riquezas se trastocaron tanto que, de hecho, muchísimos pequeños y algunos grandes terratenientes y sus herederos no pudieron amoldarse a la nueva realidad y exigencias productivas y generadoras de riquezas, terminando en la inopia, empleados de sus antiguos vasallos o de sus descendientes, y hasta en caridad pública…

Toda esa revolución económica y social comenzó formalmente durante el régimen de Gómez. Cierto que a la forma en que inició la explotación petrolera en Venezuela le calzan cualquier tipo de críticas, pero sus efectos y consecuencias, buenas o malas, son realidad cruda que nos acompaña en nuestros actos y en nuestros pensamientos. No podemos negar nuestra esencia, de allá venimos, arrastramos esos hechos y a esos personajes como acción y experiencia de vida.

¿Que si las concesiones fueron en realidad donaciones? Ciertamente pudieron ser mejores, pero ¿hasta cuánto? ¿Qué posibilidades de exigencia tenía un país de analfabetos con un grupo de sujetos queriendo tomar el poder a punta de machete y con potencias militares acechando en sus costas? Siendo justos, ese era el precio que las circunstancias imponían, pues así como las personas pagan el costo de su inexperiencia o de su situación económica precaria, aceptando salarios o labores degradantes; los países recogen en sus currículos sus vicisitudes evolutivas. Más válido, justo y ético resulta criticar el uso dado y la rapiña sobre los considerables recursos ingresados a las arcas del país  desde esos años, y las negociaciones entreguistas, ya en otras condiciones, en décadas posteriores.


 Nuestro karma al tratar nuestra historia es siempre terminar hablando del petróleo.

Concluyendo

De tal forma que Juan Vicente Gómez, como ser individual, con sus vicios, virtudes, valores, antivalores, capacidades o incapacidades, se quedó en su circunstancia existencial. Empero, como significado político, social y cultural, continúa determinando nuestra contemporaneidad. Pues desde su régimen se truncó definitivamente un camino evolutivo institucional natural que avizoraba la constitución de 1878. Se decretó la muerte del caudillismo militar tradicional y el surgimiento de otro tipo de caudillo: el político. Se deslegitimó irremediablemente el feudalismo, al iniciar a configurarse definitivamente el Estado liberal burgués, con la doctrina transmutada del criterio del gendarme necesario, que determinaría toda la historia política hasta el presente: la tutoría militar democrática. Y Se inició lo que aún somos hoy: la gran gasolinera de los imperios.

Porque el gomecismo implicó un concubinato entre el caudillismo que moría y la burguesía que solapadamente iniciaba la configuración de su institucionalidad. Siendo por eso que los personajes y los hechos desde allí se desdibujan política, social y éticamente. Resultando que ocurrieron pero no ocurrieron, fueron pero no fueron, estuvieron pero no estuvieron, convalidaron pero no convalidaron, hicieron pero no hicieron… Y es de ese concubinato repudiable que nace la Venezuela contemporánea, y es desde allí donde se configura definitivamente nuestro ser político, social y cultural.

Porque al final del final, dictaduras fascistas, democracias falaces, constituciones e “institucionalidades” de oropel, “revolución” y “socialismo” ineficaces de por medio; hasta ahora todo sigue siendo lo mismo: Caudillos apropiados de sus feudos políticos, burgueses, viejos y nuevos, de las formas más torpes y vulgares hasta las más eficientes y refinadas, depredando al Estado; mientras las grandes mayorías recibiendo pocas o inmensas migajas, pero conceptualmente siempre migajas.

Javier A. Rodríguez G. 

lunes, 16 de febrero de 2015

Notas Sobre Economía y Otras Cosas.

La paradoja del milenio que recién culmina, es el haber abierto luces al prodigio maravilloso de las ciencias, a la ponderación y medida objetiva, cierta, del fenómeno existencia del ser humano, y a su posibilitación en cuanto ente individual y social sujeto de derechos concretados merced al Estado. Pero también el culminar esos mil años con una ciencia enseñoreada por sobre el ser humano, atentando no solamente en contra de su dignidad sino de su misma sobrevivencia como especie; además de una libertad, que pretendiendo falazmente ser absoluta, ha resultado vasalla de sí misma.  Todo expresado en la conflagración entre dos modelos políticos que contrapuestos en expectativas y procederes, convergen en la aberrada y atroz negación del ser humano.

Precisamente dentro de esa paradoja se conformó y desarrolló la Economía ”científica”, en cuanto instrumento evolutivo que posibilita la coexistencia humana frente a los “problemas” crecientes de la vida social moderna.

Y por esa misma paradoja la economía, como el Derecho y en general todas las ciencias, fueron poco a poco puestas a orbitar respecto de sí mismas y no  en torno a su centro gravitacional natural: El ser humano.

Así, el diseccionamiento segregador naufragante de las ciencias, que tras una mal entendida y sobrexcedida “especialización” , culminada en pequeñísimos oasis de saber inconexos con el torrente evolutivo de la humanidad y fuera de su perspectiva existencial natural; también ha trastocado a la ciencia económica.

Además, la Economía ha adolecido de la perversión de los criterios liberales de libertad; cuyos enunciados, demostrado históricamente, han devenido en  grilletes para la sana, pacífica, justa e igualitaria coexistencia social. Concluyendo en la aberrada transmutación del ser humano por el capital como principio y fin de la razón de ser de lo económico.

De la tergiversación y perversión de los conceptos devinieron ideologías y teorías políticas falaces, a las que se les contrapusieron otras ideologías que a la postre han resultado tan falsas como aquellas, por provenir de la misma raíz evolutiva: el paradigma cientificista, positivista y liberalista del milenio dos mil.

Porque la historia ha evidenciado drásticamente que el problema no es el capital ni el Derecho ni el Estado ni la religión, todos chivos expiatorios de las siempre “bien intencionadas” pero intelectualmente “taradas” tesis políticas de izquierda; por constituirse en mera reacción al modelo que contraponen,  y por no saber desprenderse a tiempo y de forma racional y lógica de su cordón umbilical evolutivo, haciéndose antihistóricas, ineficaces y torpes. El inmenso, complejísimo, simple y verdadero “problema” de las tesis económicas y políticas es y será siempre, el ser humano.

Mientras se persista en la torpeza de seccionar al ser humano en cuanto a sus circunstancias fácticas existenciales y no en integrarlo en tanto los principios, valores, antivalores, virtudes y vicios que lo caracterizan evolutivamente; las acciones políticas y económicas, por muy bien intencionadas que sean, estarán condenadas al fracaso.

Más importante que la conciencia de clase, que ubica respecto a determinada circunstancia social, es la conciencia humanista espiritual, que plantea , contrapone, dilematiza y proyecta al ser humano respecto de lo que ha sido y de toda la plenitud de su posibilidad existencial. Empero, no un cuestionamiento intelectualoide, no, sino intuido, muy sutilmente percibido si se quiere, pero sublimemente vivido. Siendo ese el propósito último de la sociedad, del Estado, de la economía, del Derecho y de las ciencias en general: la posibilitación pertinentemente evolutiva e histórica de la plenitud existencial de los seres humanos.

La conciencia de clase sola llama a la reacción visceral frente a una realidad social determinada; mientras que la espiritual humanista conforma el cuestionamiento, acción y proyección holística y sinérgica del ser humano. La primera, casi siempre concluye en un mero enroque o sustitución clasista; mientras que la otra, en el peor de los casos siempre deja un saldo vivencial ético, axiológico, de valores y principios, de sana lógica elemental de vida, significantes del verdadero cambio revolucionario de las sociedades. Por eso las revoluciones auténticas son esencialmente espirituales, humanistas y culturales.

El “pobre”, el “indiecito” y el “negrito” no es más bueno ni menos malo que el resto de la sociedad , por una razón elementalmente simple: él es también ser humano. ¿O no?  Ahora, sí, les beneficia la duda por determinada circunstancia social histórica; pero de ahí a crear categorizaciones excluyentes, segregacionistas, intrascendentes y torpes de los seres humanos, no puede resultar en algo menos que el autoentrampamiento  histórico típico de la izquierda.

¿Cuántas veces escuchamos de los sectores de izquierda aquella sentencia casi apocalíptica de que: “el día en que en los Estados Unidos llegue un “negro” al poder…”  Pues hoy en día tienen a un “afrodescendiente” de presidente y el mundo sigue igual. Es más, ha superado a sus antecesores  en algunas acciones “imperialistas” de segregación social y de ataques a la izquierda internacional… Ahora, lógicamente que el ascenso a la presidencia gringa de un ciudadano de piel oscura evidencia un trastrocamiento del “orden” social norteamericano, pero también nos  escupe en la cara, sobretodo a aquella izquierda “inocentona”, que los “negros” son parte del “imperio”, y como tales ellos también son invasores y colonialistas, y no solamente aquel arquetipo del norteamericano catire estirado y la gringa flaca desteñida y tetona.

Por qué no reconocer que gran parte de los criminales invasores a Irak, Afganistán y Libia ¡¡son “bondadosos”, “sufridos “ y “buenos”  descendientes de inmigrantes latinos!!. Por qué no aceptar de una vez que los buenecillos “indígenas” han sido históricamente capaces de imperios tan malvados y atroces como cualquier otro. Por qué no decir que el destino de Pizarro habría sido poco halagüeño si no se hubiese trompicado con un “imperio” Inca en decadencia, inmerso en guerras intestinas por el poder, y si no hubiese contado con la colaboración de las facciones enfrentadas y de las tribus vasallas de aquel imperio. Por qué no aceptar que para el siglo XVI grandes civilizaciones como la Maya estaban prácticamente extintas por los mismísimos problemas de orden político, económico y ambiental que en sus lineamientos fundamentales amenazan a las sociedades humanas en todo momento y en cualquier tiempo.

¿Por qué al ser humano le cuesta tanto mirar al miserable, al desvalido, al históricamente excluido social, y verse reflejado en ellos en cuanto seres  humanos hijos también de Dios? Pero igualmente ¿ por qué la reticencia de ciertos grupos revolucionarios de verse en el espejo del ser burgués “depredador “y “malvado” que todos llevan en su genética humana y que  los acecha en cada recodo existencial?

En fin, si no se entienden y comprenden las simplezas, abstracciones, facticidades y trascendencias del “ser” humano, no se podrá jamás concretar planteamientos políticos, económicos y jurídicos eficazmente posibles. No puede pretenderse desarrollar ciencias sociales prescindiendo del ser humano en la integralidad de su circunstancia evolutiva histórica.


ELEMENTAL,  Mr. WATSON

Es que lo económico, como lo jurídico, es elementalmente simple, desde su génesis en el animus social del ser humano hasta toda la amplitud de su desarrollo conceptual y técnico; que al expresar, referirse y plantearse integralmente respecto a la sociedad siempre actual, pues necesariamente resguarda en sí esa línea de elementalidad que lo posibilita tanto como simple se resuelva la ecuación existencial del ser humano. Resultando que su aparente enrevesada complejidad resulta precisamente por la incomprensión de lo social, por considerar a la sociedad como un bloque de “recursos” humanos o de comunas o de simple y llanamente “pueblo” ; y no como expresión integral, holística y sinérgica del ser humano en su más elemental, auténtica y cruda manifestación existencial.

Criterios que demarcan inmensas y contrapuestas diferencias. Un “bloque” social se talla y esculpe al gusto y gana. Mientras que un ente vivo integral, holístico y sinérgico, solamente es moldeable hasta los límites de su plasticidad política, determinada por factores fácticos, históricos, evolutivos, coyunturales y estructurales, y posibilitada únicamente desde el elemento que la conforma: el ser humano.

Es decir, la técnica científica tallará el bloque y lo seccionará en millones de números o cifras; pero el modelado del ente social desde su fundamento existencial sólo es posible mediante la concepción y acción política humanista y espiritual. Estableciéndose así los linderos naturales, lógicos, racionales, ontológicos y axiológicos de la ciencia económica. Límites que no tienen nada extraordinario, si se considera y acepta que la razón de ser de la economía es el ser humano en su cuanto su posibilitación existencial.

Y precisamente de esos linderos se pueden conformar algunos caracteres de la economía; la cual debe ser naturalmente transcendente, ontológicamente honesta, evolutiva e históricamente pertinente, racionalmente ética y  humanamente posible.

Naturalmente trascendente, por amoldarse y sincronizarse al fluir evolutivo insoslayable para proyectar con fundamento y certeza su acción posibilitadora del ser humano. Ontológicamente honesta, por ubicarse con humildad intelectual en su roll político social, bajo la premisa de que solamente con el previo reconocimiento de sus límites, puede desarrollar todas sus potencialidades. Evolutiva e históricamente pertinente, por entenderse y comprenderse dentro de una circunstancia de la humanidad que la demarca en su eficacia, invistiendo de sensatez y sindéresis a su acción, pero también que amplía su perspectiva  de posibilidades.  Racionalmente ética, por cuanto su desarrollo científico está orientado y determinado por el compromiso con la verdad. Y humanamente posible, en tanto pretenda concretarse desde abajito, desde la más simple expresión de la cotidianidad existencial del ser humano.


EL ACONTECER ECONÓMICO

Porque lo económico, más allá del ser un mero hecho expresado por la actividad que lo conforma, constituye un acontecimiento existencial, siempre presente, siempre necesario, siempre posible mientras el ser humano sea humano. Es decir, la actividad económica no se cualifica principalmente en cuanto a la producción material en función del vivir, o buen vivir; sino en tanto constituye expresión existencial del “ser” humano, en un acontecer  que traspasa el hecho de la actividad irreflexiva y autómata para constituirse en manifestación de su más profunda intimidad.

Así pues, el enriquecimiento egoísta desmesurado, la usura, la especulación y el acaparamiento, no son males o perversiones ajenas ni erradicables de un sistema económico, pues de suyo constituyen factores, antivalores, que fundamentan la estructura regulatoria de dicho sistema, y por tanto, en el  caso ideal estarán siempre presente como posibilidad amenazante.

De ahí se infiere la ingenuidad y torpeza de las propuestas económicas que  pretenden de un tajo la erradicación de dichos antivalores ínsitos a la naturaleza humana para crear una sociedad perfecta, sin comprender que esa sociedad sin el referencial evolutivo de los antivalores, no será de humanos sino de dioses, pues la brecha evolutiva entre el ser humano y Dios la expresan precisamente los vicios y antivalores. Dios es todo en absoluto lo que el ser humano intuye pero no puede alcanzar.

Por eso los comunistas reniegan de Dios, porque, según sus postulados ideológicos, el ser humano actual, por acción de la sola razón y mera voluntad, puede volcar y revolcar la evolución y la historia, y por ende darse, merced a la conciencia de su estatus social, la sociedad perfecta. Luego entonces, para qué la espiritualidad, si ésta le estorba a la razón; y para qué Dios, si cada comunista lo puede ser.

Empero también se evidencia la perversión de la genética conceptual del capitalismo, al fomentar los vicios y antivalores a los fines de hacer al ser humano vasallo de sus propias torpezas, prisionero en una sociedad en donde la justicia oprime, la libertad avasalla, la igualdad discrimina y la solidaridad no es más que limosna.

Resulta entonces obvio que los modelos económicos contemporáneos han pendulado conflictivamente entre esos dos extremos, en un extraño mutualismo que los justifica recíprocamente en sus sofismas. Por tanto, todo planteamiento económico humanamente viable debe ubicarse sabiamente dentro de ese espacio pendular de lo humano, no fuera.


CUÉNTAME UNA DE VAQUEROS

Por todo ello, tras escuchar a los tecnócratas del actual gobierno en retahíla de palabras pretendiendo justificar lo injustificable, camuflando los sofismas con la buena fe y usando verbo incoherente para ocultar lo inocultable: La  mega devaluación de nuestra moneda, y por ende, el mega empobrecimiento formal del venezolano. Tras ese bla bla bla…, la respuesta necesaria del ciudadano sensato tiene que ser: Ahora cuéntame una de vaqueros…


POR FAVOR  ¡¡NO ME QUIERAS TANTO!!

Un año esperaron para devaluar y dejar la estructura de privilegios casi intacta bajo el argumento de que es por “amor al pueblo”. El SICAT 3 (reconocido por el mismísimo ministro en cuerpo presente) resultó en un mamotreto que una persona o ente monopólico lo manipula y fija el dólar a su real gana.., y aún así nos lo impusieron durante un año “por amor”. También nos dicen que sostendrán la regaliña de divisas a la más que nunca privilegiada burguesía, con la consecuente depredación del venezolano, por puritito cariño al pueblo.

Jura y perjura el gobierno, que la burguesía parasitaria, que no ha producido ni un comino durante 15 años, apropiándose de ñapa de veinte mil millones de dólares por instrumento del mamotreto del sistema cambiario, además de acaparar y especular atrozmente con los bienes necesarios a todos los venezolanos, ahora sí fructificarán como buenos ciudadanos, ofrecerán los productos a precios justos y pondrán sus dólares a disposición de una puja sana, justa y honesta, para el bien del país; todo porque los susodichos lo han jurado por un puñado de cruces. Y colorín colorado…

Es que si se sobremontasen los audios de las ruedas de prensa del año pasado y la de hoy, harían duo vocal y conceptual perfecto… Cuasi las mismas palabras, el mismo nerviosismo, la misma ironía, iguales las “buenas intenciones” y el “amor por el pueblo”, así como también idéntico el propósito hipócritamente soterrado: la devaluación de nuestra golpeada moneda.

Si van a devaluar que lo hagan por la calle del medio y ya, con sinceridad, honestidad y transparencia, en acto de “amor” que comience por el respeto.

Pero, para ello se requiere eficacia en el proceder. Y la acción eficaz exige  claridad y autenticidad en los conceptos, honestidad intelectual, compromiso ético en el proceder e inflexibilidad en el cumplimiento del deber. O sea, un giro de 180 grados conceptual y procedimental.

¡¡¡TORPEZA!!!

Este gobierno en materia económica ha resultado reiterada y crecientemente torpe, con “p” de pendejos… Es que en este país no se producirá absolutamente nada mientras el gran negocio sea la especulación con las divisas. Bien gafo es quien se amargue la vida montando una empresa para obtener unas relativamente pocas  ganancias luego del vía crucis que significa la sana producción en el país, cuando tiene a la vuelta de la esquina cientos de miles de dólares calientitos  a disposición del que llegue primero. Dinero contante y sonante, sin esfuerzo alguno y libre de impuestos, es la consigna económica hoy en Venezuela. Toda la labor “productiva” se centra en hacerse de dólares a 6,30 o a 12 o 15 Bs y venderlos a 200 Bs. Sea por medios “legales “ o por los consabidos “atajos” administrativos, el asunto es participar de la rapiña especulativa con las divisas, pues ese muerto no tiene dolientes.

“Denme un cupo de dólares y me volveré millonario”, es la máxima en boga la patria del bolívar x el dólar… Definitivamente… las “palancas” de Arquímedes han cambiado… pero sus efectos siguen igualitooos…

Hoy el país está pagando el precio de no haber tomado las medidas necesarias hace un año. Todo por las incoherencias, torpezas, vacilaciones y enculillamientos de un gobierno auto denominado “revolucionario”. Así es imposible gobernar bien. Al tin marín y a las medias tintas no puede ser el proceder de quienes quieren en verdad concretar un sistema político de justicia, igualdad, libertad, solidaridad y paz.


“ A ELLA LE GUSTA LA GASOLINA…”

Por supuesto que a la burguesía parasitaria le encantaría el aumento de la gasolina, para que el gobierno continúe lanzándoles dinero como papelillo, en esa regaliña fuera de toda lógica.

Aumento justo y necesario, pero que se hace injusto e improcedente dada la incapacidad manifiesta del gobierno para manejar los recursos del Estado. Más de veinte mil millones de dólares lanzados por la ventana, y que no  haya ni un “chinito” preso…, lo dice todo.

Al hijo pródigo se le ajustan las cuentas para corregirlo, no se le entrega más dinero para que lo dilapide.


SIN ESTADO SIN DERECHO Y SIN JUSTICIA

El requisito esencial para concretar cualquier modelo político es hacerlo dentro del marco estricto del Estado de derecho. No existe opción posible, si se comprende que el Estado y su instrumento, el Derecho, no limitan la libertad sino la posibilitan. La justicia, la igualdad, la solidaridad y en bien común eficaces, solamente son concretables dentro del Estado de derecho y de Justicia.

Al escuchar al Presidente de la República reconocer en cadena nacional  que, sabiendo de la comisión presunta de hechos tipificados como delitos contra la patria por nuestra legislación, “por su autoridad” exculpó a los implicados y los mandó “para su casa”… También al ver al Presidente de la Asamblea Nacional y al Alcalde de Caracas, en programa televisado nacionalmente, disponiendo y exponiendo a libre criterio el túmulo indiciario del proceso investigativo, determinando hechos, valorando pruebas y estableciendo responsabilidades, por sobre las funciones constitucionales del Ministerio Público y del Poder Judicial. Un diputado a la Asamblea Nacional es un diputado y un Alcalde es un Alcalde, con facultades y responsabilidades establecidas en la Constitución Nacional y en las leyes, no en los estatutos de un partido político ni en sus criterios particulares de ciudadanos. Las buenas intenciones, la defensa de la democracia, el enfrentamiento de los grupos radicales desbordados, es válido y plausible, pero con ajuste estricto a las leyes, de lo contrario será más de lo mismo. La arbitrariedad fue criticable ayer, lo es hoy y lo será siempre. Hoy en Colombia, país en guerra interna, existe un proceso judicial en contra de altos funcionarios del anterior gobierno por los “pinchazos” o “chuzazos” telefónicos; si supieran los vecinos que aquí todos los días cualquier mozalbete hace públicas grabaciones de ese tipo sin rendir cuenta ante las autoridades sobre su procedencia y ajuste al debido proceso… Ante todo eso no puede más que reconocerse que  tristemente el Estado de derecho y de justicia continúa brillando por su ausencia.

Es que el someterse al imperio de las leyes y de la justicia no implica debilidad sino fortaleza, contundencia e inflexibilidad. El problema es que  ese imperio ¡¡aplica en cualquier sentido!! , sin discriminar si se es del gobierno o de la oposición, y sin valorar intencionalidades más allá de lo que las mismas leyes consideren. Lógicamente, tales “limitaciones” lleva a los actores políticos a “relajar” al Estado y a las normas para así amoldar a su conveniencia, sea buena o mala, el Derecho y la justicia.

Por eso es repetitivo en nuestro país que la oposición se queje de los mismos abusos de derechos y de las mismas injusticias que cometió cuando gobernaba. Es nuestro karma.


ENTRE GOLPES DE ESTADO Y GOLPES DE PECHO

Un golpe de Estado a un gobierno democráticamente electo es un atentado reprochable a la institucionalidad, sea por los propósitos que sea, aquí, en la India y en la Cochinchina. Quien lo cometa que asuma su responsabilidad. Ahora, lo aberrante es conmemorar en fiesta nacional un golpe de Estado fallido en contra de un gobierno democráticamente electo, y luego tildar de criminales terroristas a quienes “siguiendo el ejemplo” pretendan acceder al gobierno por vías violentas.

Porque lo importante y hermoso del sometimiento a la justicia y al Derecho dentro del marco institucional del Estado, más que las medidas sancionatorias que procedan en cada caso, es ese movimiento silente hacia los valores de justicia y legalidad; es la conformación de un sentido común hacia el cumplimiento del deber, por sobre los particulares intereses y conveniencias. Todo ello posible merced a un factor determinante: el ejemplo del gobernante. Si se siembra abrojos no puede cosecharse lechugas.

Siempre al tratar auténticamente lo económico se termina redundando en el ser humano, la sociedad y la política. Necesariamente debe ser así. Y hoy en nuestro país también concluimos tristes, inmensamente tristes… ( por ahora, mientras la arrechera no aflore…)

En medio de una súper mega devaluación, y lo que es peor, anegados en el barrial de contradicciones, incoherencias y torpezas supuestamente socialistas del actual gobierno; hoy también toca hacer de pitonisos. Tal como ocurrió con lo de Cadivi, avizorado casi al detalle, no por poderes videntes sobrenaturales sino por la simpleza de ponderar la realidad bajo el enfoque de la experiencia histórica, y sobretodo, por considerar y comprender al ser humano en toda su magnitud existencial, de sus virtudes, valores, vicios, antivalores, aberraciones y perversiones; solamente exaltables o atemperables, proyectables o reprimibles dentro del marco del Estado de derecho y de justicia.


“ENTONCES QUE COMAN PASTELES”

Cuenta la historia que esa fue la respuesta de María Antonieta cuando le informaron respecto de los reclamos del pueblo por no tener pan…

“Los venezolanos comen hasta seis veces al día”, ripostó el Presidente de la República actual ante las críticas por el desabastecimiento y principalmente por las atroces medidas económicas concebidas para favorecer a los grupos económicos poderosos y para empobrecer más a los sectores mayoritarios de la población, aparentemente a los fines electoreros de acorralarlos en la dependencia absoluta de las dádivas gobierneras.

Con las actuales criminales medidas económicas el gobierno se juega sus últimas cartas. Apuesta a la capacidad histórica de sometimiento y de “aguante” del “pueblo” venezolano. En tanto ha puesto a sus siquiatras y sicólogos a cambiarle el sentido estratégico a la revolución bolivariana bajo condición extrema de sobrevivencia. A instancias de quienes se ha virado de la novedad y frescura del proyecto al puro instinto del sobrevivir, al temor de perder lo logrado, a “calarse” lo malo por temor a lo peor. Seguramente también por recomendación de esos personajes, el gobierno, luego de anunciar la mega devaluación y de autorizar aumentos sustanciales en la mayoría de los artículos de la “cesta básica”, enseguida revela el desmontaje de acciones en contra de Estado, logrando así que la opinión pública se desvíe de la mega devaluación hacia el “intento de golpe”. ¿O no resulta extraña esa “cortinilla de humo”.


CUESTIÓN DE TIEMPO

Ojalá que quienes lean estas notas en el futuro no les den la razón. Ojalá que estos textos sean simples impertinencias a una hermosa realidad concretada, cuando se las tope algún curioso de la web. Ojalá que todos los venezolanos de buena fe podamos ver y disfrutar de un país eficazmente andando los caminos del autentico socialismo, o como quieran llamarlo los más susceptibles.

Empero, con total sinceridad intelectual debe decirse que tal como marchan las cosas y dada la reticencia del actual gobierno a cambiar conceptos y a modificar criterios y procedimientos, el actual proceso revolucionario no tiene más futuro que un oso panda en las salinas de Araya.

Así, todo es cuestión de tiempo. Podrán ganar inclusive algunos venideros procesos electorales mediante la “hipoteca” de los recursos del Estado, pero eso no le quitará el plomo en el ala que lleva.


 ¿¡¡¡ QUÉ HACER !!!?

El qué hacer, el para qué y el cómo hacerlo, es asunto del gobierno. Que actúen y asuman las consecuencias conforme a sus criterios. No obstante,  de acuerdo a los lineamientos expuestos en estos textos, se pueden plantear algunas posibilidades.

Una es, sin lugar dudas y tan obvia como el sol que nos da su luz todos los días, el desmontaje de ese mamotreto aberrante del control cambiario.  Sustituirlo por un sistema eficaz y eficiente de administración de las divisas bajo el criterio inflexible e irrevocable del quiebre definitivo de los privilegios, usando para ese fin los mismos sacrosantos postulados del capitalismo en sus mejores acepciones.

Si se quiere libre mercado, pues que se tenga mercado en su más libre, justa, igualitaria y democrática expresión. Pero libre de verdad, a la buena, dentro de toda la plenitud posible dentro del Estado de derecho y de justicia.

Si se desea que se “abran” las importaciones, entonces que se agarren, porque cualquier venezolano podrá importar y exportar directamente los bienes que requiera, rompiendo con las mafias monopólicas eternas en ese sector. Prohibidas, por ejemplo, las “representaciones exclusivas” de marcas y productos por empresas que a su vez utilicen esos mismos productos en sus procesos productivos…

Si se exige la libre empresa. Pues que viva la democrática, justa, igualitaria, solidaria y libérrima empresa.

Luego, si el mercado fuere verdaderamente libre para acceder competitivamente a los insumos. Si estuvieren deshechos los controles monopólicos de la producción. Si la especulación con la divisa ya no fuere rentable y ni siquiera posible. Y si el Estado y el gobierno fungieren de  grandes promotores de la libre y justa empresa. Entonces al venezolano no le quedaría otra que abandonar la ilusión perversa de tomar un trozo de la rapiña cambiaria, y al contrario, marchar hacia la certeza del sano y “enriquecedor”, desde todas las aristas sociales y humanas,  emprendimiento productivo.

Todas esas acciones enmarcadas dentro del paso fundamental que sería desparejar a la aberrada debilitada dupla Estado- gobierno de los grandes factores económicos, dejando al gobierno como el rector de lo económico, sin cortapisas, ni chantajes ni amenazas, en tanto que los factores monopólicos son subsumidos en justo nivel y proporcionalidad dentro del cuerpo social, quien ya no es determinado por el capital y la actividad comercial sino por el ser humano y la familia, actores del acontecimiento económico que tiene al capital justo como valor instrumental. Además, a la par del desmontaje de la súper estructura de privilegios, autárquica y depredadora del ser humano que avasalla al Estado y a la sociedad a sus intereses y conveniencias, se va conformando el gran marco del ser humano, de la sociedad y de la economía posibles: el Estado de Derecho y de justicia.

¿Imposible? No. ¿Dificil? por supuesto. Empero todo depende de la perspectiva con que se enfoque y de cómo y desde dónde se “ataque”. La claridad conceptual, la definición de objetivos y el planteamiento estratégico y táctico son vitales. Tal cual David, la cuestión es saber dirigir la onda… Esos grandes “monstruos sociales” se enfrentan eficazmente desde abajito, desde el ser humano.

Lo imprescindible para ese tarea es la certeza, contundencia, astucia y audacia en la actuación del Estado y del gobierno, que es distinto a la temeridad desubicada y torpe. Dicho de otra forma, el gobierno requiere en primer lugar de “cojones” para hacerle entender a cualquier factor apócrifo de poder económico que se les enfrente, quién puede quebrar a quién. Tal determinación de acción es efectiva más aún tan sólo como posibilidad, si es percibida como convicción necesaria e irrevocable.

Finalmente, la moraleja es que la elementalidad y simpleza de lo económico  se complejizan irresolublemente en la medida en que éste sea determinado por el capital y no por su principio y fin.