lunes, 13 de mayo de 2013

Fascismo. Lo Que No Dice Un Panfleto.

El tema del fascismo ha estado muy activo en el foro político del país. Los dimes y diretes giran en torno a quién es más fascista. En estos ambientes políticos tan radicalizados, el saber y la verdad se desmigajan para que cada quien tome lo que le convenga. En ese contexto, publica un prestigioso escritor venezolano, un artículo que enumera en 8 párrafos  los caracteres del fascismo, en flagrante configuración panfletaria.

Por eso precisamente se ha escogido dicho artículo para desarrollar estos comentarios, a los fines de evidenciar lo que oculta, lo que no dice y lo que miente, un excelente panfleto propagandista concebido desde una parcialidad ideológica.

Terminan estos textos con algunos planteamientos acerca de la política, a los fines de ampliar los horizontes del análisis crítico respecto del fascismo o cualesquiera otras ideologías y procesos políticos. Buscando siempre la creación de con-ciencia y no la dependencia y sumisión.

Recalcando el profundo respeto por las personas, sus criterios y pensamientos, que nos nutren y enriquecen; pero también, reafirmando la irreverencia ante el conocimiento como primera condición para la aproximación a la verdad.

LO QUE NO DICE UN PANFLETO.


1.- Hollywood representa el fascismo como pandilla de malencarados en uniforme que agitan estandartes y gritan órdenes. La realidad es más perversa. Según Franz Leopold Neuman en Behemoth: The Structure & Practice of National Socialism, 1933-1944, el fascismo es la complicidad absoluta entre el gran capital y el Estado. Donde los intereses del gran capital pasan a ser los de la política, anda cerca el fascismo. No es casual que surja como respuesta a la Revolución comunista de la Unión Soviética.

Esa complicidad se produce por vía de contingencia, es decir, aunque el Estado fascista niega de plano el dejar hacer, dejar pasar; y por su parte, el gran capital aspira un Estado reducido a su mínima expresión, ambos convergen en un falso mutualismo que al final los llevaría irremediablemente a enfrentarse.

La revolución anti-monárquica antizarista de Rusia, como todas las de su tipo, de burgueses y de campesinos, al mutar artificiosamente hacia una revolución obrera sin obreros, y la conformación del Estado comunista con la fuerza de las balas, se convirtió en el “coco” de las sociedades  liberales capitalistas, de todos los regímenes de derecha, y hasta de izquierdas sensatas, por no decir “decentes”.

En consecuencia, la influencia del “peligro rojo” en la conformación del fascismo como ideología  y estructura político-social  de extrema derecha, es obviamente natural y lógica; si consideramos que aquellos no solamente buscaban “exportar” su “ejemplo” sino la revolución misma, interviniendo a fuerza de balas en las soberanías y estatus quo de esos países. Aún más, si tomamos en cuenta que en la Alemania e Italia de esos tiempos, sí existían verdaderos movimientos obreros de corte socialista… Entonces, ante la dictadura del proletariado…, la dictadura de la Burguesía.

Es que había un trasfondo histórico y unas condiciones político-sociales, que fueron el basamento para la estructuración del Fascismo. Una Alemania derrotada en la guerra y la prepotente Europa asolada por el hambre y la miseria,  por culpa de un liberalismo demócrata capitalista que había trastocado el soporte “natural” del orden, la paz y del trabajo, merced a una libertad que degenera los valores, las tradiciones y la cultura, pervierte al Estado y corrompe al individuo, desligándolo del vínculo emotivo histórico con su patria.

Así, en dos naciones, Italia y Alemania, entradas  tarde  a la unificación de sus nacionalidades, y sin poder aún acceder al estatus de grandes superpotencias, al nivel de España, Inglaterra o Francia, tenían pues, de alguna forma, los resabios de la gloria añorada y de la “supremacía” biológica no aprovechada en su potencialidad. Sobretodo Alemania, quien luego de lograr un auge económico y  un desarrollo tecnológico muy importantes (lo que hubo amentado su ego hasta el extremo de tratar de hacer de Venezuela su colonia,1902-1903), estaba en el más absoluto desastre económico, sufriendo el lastre de la derrota en la llamada “primera guerra mundial” (consideremos que hacia 1923 se emitieron billetes de un millón de marcos, y que, por ejemplo, reponer el cristal de la ventana de una fonda, costaba el monto de construcción de la fonda más sus ingresos en lo últimos 20 años).

Así pues, todos los elementos de esa situación político social van a buscar como punto de convergencia la nación, en cuanto expresión evolutiva histórico cultural, manifestada esencialmente como un vínculo emotivo del “origen y destino en común”, concretada en principios y valores que la definen y cualifican.

Siendo allí precisamente donde germina el criterio de la “fascia” (Mussolini), o “unión” de las masas “populares”, a través de un instrumento político que la permita, exprese y potencialice: el partido. Porque un carácter evidente del fascismo es el “convencimiento” de sus partidarios y defensores de que obran por principios y valores históricamente justificados.

De otra parte, cuando los intereses del gran capital pasan a ser abiertamente los del Estado: se llama: Sinceridad; pues el capitalismo es polimorfo y se mimetiza perfectamente con el “medio ambiente” imperante. Si no preguntémosle a China.


2.- El fascismo niega la lucha de clases, pero es el brazo armado del capital en ella. Aterroriza a la baja clase media y la marginalidad con el pavor a la crisis económica, a la izquierda y la proletarización y las enrola como paramilitares para reducir por la fuerza bruta a socialistas, sindicalistas, obreros y movimientos sociales. Mussolini fue subvencionado por la fábrica de armas Ansaldo y el Servicio Secreto inglés; Hitler financiado por las industrias armamentistas del Ruhr; Franco, apoyado por terratenientes e industriales, Pinochet por Estados Unidos y la oligarquía chilena.

No es que niegue la lucha de clases, simplemente las considera innecesarias y aberrantes, pues, como buen criterio de derecha, el  “orden” imperante es “justo”, necesario e inevitable. Pero además,  el “corporativismo”, o sea, la “fascia” de trabajadores y empresarios, suma dos instancias supuestamente antagónicas hacia el vasallaje ante la supremacía del Estado, el cual es llevado a su máxima distorsión funcional, tomando el control de todo el ente social; por lo que la lucha del ciudadano ha de ser la del Estado, por sobre su persona, su familia y cualesquiera otros (de ahí el carácter militarista del fascismo). Porque la “fascia” no es un vínculo o “unión” entre personas o grupos de personas, sino directa y exclusivamente es un compromiso, o más bien una servidumbre naturalmente justificada y necesaria, del individuo hacia el Estado, determinada por las especificidades que diferencian unos “fascismos” de otros. Consideremos nomás que un Alemán es por sobre todo Alemán; diferente a lo que ocurre en nuestros países latinoamericanos, que nos dividimos en “sociedad civil”, “pueblo” y “chusma”…

En cuanto a la creación de “pavor a la crisis económica y a la proletarización”. Cabe tener mucho cuidado con esas afirmaciones, sobre todo para el aprendizaje de las nuevas generaciones, porque crean la idea de regímenes impuestos por grupos de “malvados” sobre pueblos castos y puros; despojándolos de la riquísima enseñanza de la historia, la evolución, la cultura, la sociedad, del Derecho y del ser humano.

En el caso del fascismo Alemán, como se ha dicho, su establecimiento  más bien se sustenta en situaciones sociales deprimidas, con alto porcentaje de baja autoestima individual y social, arraigándose como salvación (otra cosa es magnificar propagandistamente las malas condiciones socioeconómicas) Parecido a lo ocurrido en la Edad Media con los Señores Feudales, ante quien, el vasallo sometía su libertad, su libre albedrío y hasta su vida, a cambio de sosiego existencial. Así, el Estado fascista representa el tronco a la deriva al cual todos y cada uno, unidos por el lazo de la nación, se aferran, en medio de un gran lago histórico-evolutivo que los origina pero amenaza con devorarlos. Siendo que el fortalecimiento del “tronco” o Estado, justifica  la supresión de los partidos políticos, la libre competencia, el sometimiento de los grupos y movimientos sociales de choque, y por supuesto, la reducción por la fuerza bruta, de los “brutos” socialistas que anunciaban el establecimiento en dos cuotas de algo muy parecido al paraíso terrenal, no en hermosa misión de llegar a las conciencias y espiritualidad de las gentes con la buena nueva, no,¡¡a punta de balas!!...

Es que aquí mismo en nuestro país, hace unos 60 años tuvimos un régimen de derecha fascista, e insólitamente, durante muchas décadas se escuchaban las añoranzas  de esos tiempos de “seguridad”, “orden” y “paz”, no sólo de burgueses sino también de simples asalariados de ciudades y pueblos, inclusive, a más de un dirigente de izquierda se le han escuchado alabanzas y hasta llamar al dictador: “mi General” ¡¡Válgame Dios!!  Ese régimen, tratando de acallar la historia, destruyó grandes obras históricas y estancó el  andar evolutivo país, creando una gran fachada de tranquilidad, bienestar y progreso; resultando que a su caída, la verdad social abofeteó la conciencia aletargada de muchos; empero, no obstante, otros siguieron suspirando por los tiempos de hermosos carnavales y del andar tranquilo y seguro por las calles…

Debemos aprender…, aprehender; que esos regímenes de ultraderecha generalmente se configuran y concretan  merced a etapas sociales de gran conflictividad, caos sociales y defraudaciones políticas. Entendámoslo, los pueblos que luchan, enfrentan y vencen las más terribles adversidades, degüellan reyes, derriban muros y enfrentan y vencen imperios; también en tiempos parecieran cansarse, sometiendo su libertad y hasta su dignidad al más puro instinto de sobrevivencia, traducido en sosiego existencial. Y esos regímenes de extrema derecha le ofrecen a cambio una paz falsa (que en realidad expresa las relativas calma, seguridad y tranquilidad del vasallo), fundamentada en la inercia social, es decir, dejar las cosas tal como están, respetar el orden “natural” de las sociedades.

Ciertamente, el fascismo es algo más que caras gruñonas y fusiles, pero también es muchísimo más grave que un concubinato entre el gran capital y el Estado. Es la resignación por siempre al orden establecido, es el estancamiento de la dinámica evolutiva social natural, es la intoxicación del entendimiento y la perversión de la razón, y es la consignación a perpetuidad que hace el ser humano de su dignidad, a un estamento que le garantiza una falsa supremacía, ser un “superhombre” de alcornoque, que llega a la prepotencia de pretender deslastrarse inclusive de Dios.


3.- El fascismo convoca a las masas, pero es elitista. Corteja y sirve a las aristocracias, sus dirigencias vienen de las clases altas e instauran sistemas jerárquicos y autoritarios. Hitler establece el Führer-Prinzip: cada funcionario usa a sus subordinados como le parece para alcanzar la meta, y responde solamente ante el superior. El caudillo falangista responde solo ante Dios y la historia, vale decir, ante nadie.

Como se ha dicho, no sólo convoca a las masas sino que se sustenta en ellas. La responsabilidad del caudillo se funda principalmente, como todo Estado fascista “preciado” de serlo, en un compromiso “ético”, en el “deber ser” determinado por una historia, cultura  y circunstancias que lo obligan irremediablemente, por eso no pueden sentir remordimiento alguno ante el deber cumplido…

De otra parte, si de “élites” hablamos, la izquierda tiene como uno de sus defectos congénitos, el soportarse extremadamente en élites intelectualoides, quienes supuestamente comprenden cómo y por qué se librarán las clases obreras de la opresión burguesa, por eso le dan apenas ciertas” capsulas de conciencia”  de lo que “necesitan conocer” (a un grupo, pues  otro es sólo escoria social o lumpen); lo demás es pérdida de tiempo… Generalmente se reúnen en conciliábulos para planificar el destino de los pueblos, ¡¡sin pueblos!!

En nuestro país también la responsabilidad de los funcionarios está en el limbo. Los juramentan en nombre de Dios y la patria, ¡¡válgame Dios!! Con toda razón a los funcionarios  no “les quita el sueño” la responsabilidad administrativa, claro, si la patria es ante todo un sentimiento, y las cuentas con Dios eventualmente serían en otro mundo… En verdad el mundo de las ideas es pequeño, hablando de fascismo tal vez estamos concluyendo que la corrupción en nuestro país se inicia desde la misma juramentación, que en sí misma es corrupta…


4.- El fascismo es racista. Hitler postuló la superioridad de la "raza" aria, Mussolini arrasó con libios y abisinios, y planeó el sacrificio de medio millón de eslavos "bárbaros e inferiores" a favor de 50.000 italianos superiores. El fascismo sacrifica a sus fines a los pueblos o culturas que desprecia. Los falangistas tomaron España con tropas moras de Melilla. Albert Speer, el ministro de Industrias de Hitler, alargó la Segunda Guerra Mundial de dos a tres años más con la producción armamentista activada por 3 millones de esclavos de razas "inferiores.

Son segregacionistas por esencia y racistas por consecuencia. Pues el  mismo origen de sobrevivencia cultural y social, los lleva a repudiar a quienes representen otros valores y creencias. Tal como ocurrió con el “problema judío”, que en principio lo fue principalmente cultural y financiero, pero luego de varios tanteos fue “evolucionado” hacia la solución final.  El carácter racista del fascismo le vendría sobretodo desde su gentilicio europeo; porque, consideremos que el racismo en la Europa es congénito en sus sociedades, llegando hasta el punto de “cuadrar”  teorías y hasta falsificar partes de fósiles humanos, al propósito de justificar el origen autóctono de su raza….


5.- Fascismo y capitalismo tienen rostros aborrecibles que necesitan máscaras. Los fascistas copian consignas y programas revolucionarios. Mussolini se decía socialista, el nazismo usurpó el nombre de socialismo y se proclamaba partido obrero (Arbeiter); en su programa sostenía que no se debía tolerar otra renta que la del trabajo. Por su falta de creatividad, roban los símbolos de movimientos de signo opuesto. Los estandartes rojos comunistas y la cruz gamada, símbolo solar que en Oriente representa la vida y la buena fortuna, fueron confiscados por los nazis para su culto de la muerte.

No necesariamente, los rostros de esas ideologías pueden ser afables y cordiales, como el de Piñera, hipócritamente humanista y pacífico, como el de Obama, y ardientemente sensual, como  París Hilton. No nos confundamos, ellos van a misa los domingos, le piden la bendición a sus padres y también “rezan cuando montan en el avión” desde donde lanzan sus bombas criminales

No  copian las consignas y los programas revolucionarios, no; los usan legitimados desde su postura existencial. Esos programas y propuestas políticas, una vez enunciados, constituyen patrimonio no sólo de un país sino de la humanidad, y políticamente las aplica quien le dé la g…O es que la izquierda no usa las sociedades anónimas, marcas comerciales, empresas con patronos y obreros etc., ni se diga de la teoría económica capitalista, a la que tienen que apelar por no haber podido configurar una propia políticamente factible… Orden, paz y trabajo son “valores” de la Derecha fascista, y deberían serlo de las tesis socialistas. No se trata de términos, sino de significados… Esto debe entenderlo la izquierda de una vez por todas, no se trata de decirse socialista o revolucionario, sino de  serlo verdaderamente. La revolución soviética terminó masacrando a sus líderes, siendo todo menos socialista, rematando en una dictadura de Estado sustentada por muchos de los caracteres del fascismo. ¿Entonces?

En cuanto a lo del trabajo y de los partidos obreros, ya se han señalado algunas características del origen del nacionalsocialismo, agreguemos que durante la crisis capitalista del 30, Alemania estaba a menos del 60% de su capacidad productiva y con casi 6 millones de desempleados… Hay que reconocerlo, es un insulto a la historia y a la razón no decirlo, un alcance que presentó el régimen nacionalsocialista es haber logrado absorber gran parte de esa masa de desempleados y apuntalar la economía, no en “índices” y “papeles” sino palpable en las mesas y platos…

Recordemos el origen de Hitler: Hijo de un funcionario público de bajo nivel y alcohólico. Rechazado por la academia de artes, no tanto por sus cualidades artísticas (que en promedio sí las tenía), sino por ser pobre, hasta harapiento y vagabundo, sin hogar, sin comida y con sólo un sueño: ser un artista. Pintaba en las plazas para comer, flacucho, desnutrido, más que de alimento, del afecto  y la justicia de una nación  y una sociedad que lo habían olvidado, como a tantos otros… Un día, a las puertas de un convento, con hambre y azotado por el crudo invierno, la buena monja lo auxilia, le da sopa y abrigo, al hombre que luego, siendo el más poderoso de Alemania y  de la Europa, dejaría morir a cientos de miles por la más atroz inanición, y asesinaría a millones con las más horribles de las horribles formas concebidas por  la humanidad.

Por eso fue “Hitler”, por eso llegó a ser el Führer, porque representaba el ideal del Alemán pobre y de las clases medias empobrecidas, el surgido de la nada, el de la voluntad inquebrantable que reclamaba y buscaba en la nación el vínculo, el afecto, la fortaleza para ser todo los grandes que podían ser…

Ha sido un error consecuente asignar a los líderes atribuciones que no les corresponden, y así Hitler, y detrás de él su camarilla, termina siendo el único responsable de los millones de  muertos en las invasiones  y por la limpieza racial y hasta de los muertos de las expresiones fascistas hasta nuestros días, cuando en realidad hubo todo un entramado político social cultural detrás de él.

La moraleja es que los Hitler no expresan nombres, ni individuos, sino conceptos, engendrados por la naturaleza humana y gestados por la sociedad, que se manifiestan en cualquier momento y en cualquier lugar,  solamente cambiando los términos, pero la esencial conceptual es la misma, inclusive, al final llegan a estar entre los extremos derecha e izquierda, juntos o por separado, ¿o es que Stalin fue un bebe de pecho?

En todo caso, lo justo sería la mutua compensación, vía reconocimiento: Los fascistas lo que hubiesen tomado  o tomen de la izquierda socialista y  éstos lo que usaron o usen del fascismo para solventar sus torpezas en lo conceptual y en el proceder.


6.- El fascismo es beato. Los curas apoyaron a los falangistas que salían a matar prójimos y fusilar poetas. El Papa bendijo las tropas que Mussolini mandó a la guerra; nunca denunció las tropelías de Hitler. Franco y Pinochet fueron idolatrados por la Iglesia. 

Por su mismo criterio generatriz, tomando como referencia al alemán, al fascismo le estorba todo tipo de credo o religión que entorpezca el vínculo de sumisión entre el ciudadano y el Estado. No obstante, ha sabiendas de su poder sugestivo, la toleran y la usan a sus propósitos; mientras al alto clero, con su criterios de derecha, poco les cuesta sacrificarse por el “orden”, la “paz”, “trabajo” y “salvación” de las almas de sus feligreses, lo demás sería puro “daño colateral”. Además, como se ha dicho, cada uno de esos regímenes tienen sus características particulares; por ejemplo: las relaciones del nacionalsocialismo  y del Franquismo con la jerarquía eclesiástica, son totalmente diferentes.


7.- El fascismo es misógino. Para las mujeres, Kirche, Küche, Kinder: iglesia, cocina, niños. Nunca figuró públicamente una compañera al lado de sus líderes; quienes las tuvieron, las escondieron o relegaron minuciosamente. Nunca aceptaron que una mujer ascendiera por propio mérito o iniciativa.

Esto se debe ubicar en su contexto. La Italia fascista y la Alemania nacional-socialista, se desarrollan en los años 20 y 30, por lo que la discriminación casi absoluta de la mujer en esa época es la regla en el mundo “civilizado” y más allá. Por tanto, en las versiones modernas del fascismo, no sería de extrañar encontrar damas de hierro, de aluminio y hasta de hojalata dirigiéndolas.


8.- El fascismo es antiintelectual. Todas las vanguardias del siglo pasado fueron progresistas: la relatividad, el expresionismo, el dadaísmo, el surrealismo, el constructivismo, el cubismo, el existencialismo, la nueva figuración. A todas, salvo al futurismo, las trató como "arte degenerado". El fascismo no inventa, recicla. Solo cree en el ayer, un ayer imaginario que nunca existió. El fascismo asesinó a Matteotti, encarceló a Gramsci, fusiló a García Lorca e hizo morir en la cárcel a José Hernández. Pinochet asesinó a Víctor Jara. Cuando oigo hablar de cultura, saco mi pistola, decía Goering. Cuando oigamos hablar de fascismo, saquemos nuestra cultura. 

Es anti-intelectual en el sentido de que pretende restringir el conocimiento a sus propósitos y  creencias, exigiéndoles a sus intelectuales  se ajusten y amolden a ello. Lo cual no es novedoso, pues es tendencia de los regímenes de gobierno de cualquier ideología, tratar de dominar el conocimiento, retrotraerlo y manejarlo  a su conveniencia.

En cuanto a los muertos, debemos tener mucho cuidado en sacarlos de su contexto histórico y sustraerlos de las responsabilidades específicas de su circunstancia, y de la riqueza de la memoria de la humanidad. Poniéndolos, así por así, en fosa común, solamente para engrosar ejemplos que desinforman, confunden, ocultan o soslayan las responsabilidades específicas de las sociedades, pues al final será el “pobre” Hitler quien cargue con todos esos difuntos.

A algunos también nos provoca sacar un arma, pero cuando oímos hablar de personas “cultas”…  

Sí, saquemos nuestra cultura, pero la plena, la verdadera, la de todos, no la parcializada, la  falsa, la secuestrada e “interpretada” por unos pocos.



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Desde el fascismo Alemán hasta hoy en día, ha transcurrido mucho mundo; pero, por supuesto, seguimos reaccionando a nuestras “circunstancias” históricas. Vasallos libres, iguales en la desigualdad y justamente injustos, en un mundo dominado por unas cuantas potencias. Al final es la misma intención del fascismo pero con más sutileza, vericuetos políticos, institucionales y jurídicos, acción “intelectual” y “cultural”.
No obstante la verdad se abre paso, a veces muy lentamente, pero siempre se abre paso. La URSS, queriendo instaurar la sociedad comunista, terminó pareciéndose al fascismo y justificando y fortaleciendo al capitalismo; hasta el punto que su derrumbe y desaparición, ha significado el comienzo de una severa crisis del capitalismo. La verdad se abre paso…
Así vemos cómo la propaganda sigue siendo un instrumento de manipulación. Goebbels sigue asesorando a unos y a otros.
“La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentarlas una y otra vez desde diferentes perspectivas, pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas... Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad”.






FASCISMO HUMANO

Hemos tratado de ubicar al fascismo dentro del contexto social, histórico y humano. Sí, humano, porque tan humano fue Hitler como Gandhi, y tanto tenemos que aprender de uno y de otro. El fascismo, en sus caracteres generales,  es una posibilidad  humana, y absolutamente ninguna, ninguna  sociedad está exenta de tenerlo presente, de una u otra forma, en sus expresiones políticas, sean de derecha o de izquierda. Porque, el hecho del origen burgués del fascismo no puede ser usado por los grupos políticos de izquierda “tradicional” como “chivo expiatorio” para justificar impunemente la aplicación de muchos de sus instrumentos de dominación, manipulación, “programación” y exclusión.


LA DERECHA Y LA IZQUIERDA EN EL PLANO POLÍTICO.

Lo peculiar de la clasificación política referenciadas entre izquierda y derecha, extendida hacia sus respectivos extremos, además de las expresiones intermedias; es que  surge, o mejor dicho, se expresa fácticamente en las asambleas de la revolución Francesa, cuando los grupos revolucionarios conservadores se sentaban a la derecha, mientras los más radicales lo hacían a la izquierda; y luego, por extensión, llegó a expresar dos posturas políticas que formulan sendas visiones y actitudes existenciales de los grupos sociales.

Veamos las diferencias esenciales entre “izquierda” y la “derecha”:

La derecha defiende el orden establecido, por ser natural y  justo y querido por la voluntad divina. Por tanto,  la lucha de clases no tiene sentido, pues el orden natural, lógico e irremediable en la sociedad, ha colocado a cada cual en su lugar, de tal forma que el hijo del banquero será banquero y el del obrero será obrero, resultando en una movilidad social muy restringida. La igualdad  está relativizada por el orden natural. El trabajo se constituye en elemento cohesor del “orden” social, por tanto, su ponderación ética pasa por sobre el individuo y se centra en el sostenimiento y potenciación de ese orden. La paz es estática, condicionada al no hacer. Por ende, el Derecho no busca la justicia ni la igualdad, sino el orden natural que las expresa. El Estado y todas sus instituciones se configuran de acuerdo a esa postura existencial, garantizando  “orden”, “paz” y “trabajo”.

Por su parte, la izquierda considera que el orden social prevalente es injusto y terriblemente desigual. Por eso plantea invertir sus factores, a los fines de alcanzar mayor justicia e igualdad. De esa forma, el “orden” se trasforma en “acción” social, adquiriendo así un papel preponderante la sociedad.  Esto crea un enfrentamiento entre clases, necesario e inevitable, que se expresa en una movilidad social que tiende a la anarquía. La igualdad  se convierte en motor social. El trabajo cohesiona y potencializa  la sociedad en su dinámica, pasando de medio de subsistencia a expresión existencial. La paz es dinámica, conflictiva por esencia y con tendencia a ser peligrosamente inestable. El Derecho debe propender a la auténtica justicia e igualdad, lo que origina reacciones que se inclinan a la inestabilidad social. El Estado, en la izquierda democrática, teóricamente  es de “Derecho y de justicia y con preeminencia de los Derechos Humanos”.

Esas notas diferenciadoras amplias de ambas perspectivas políticas, suponiéndolas honestas, se expresan en dos opciones políticas fundamentales, que se explayan en una gama de posibilidades, demarcadas por caracteres ideológicos. Tales opciones, en principio e idealmente, deberían estar ubicadas en línea recta con sus diferentes valoraciones o grados, como se ilustra en la fig. 1; creándole a los grupos de derecha e izquierda, la ilusión de poder proyectarse en su orientación política  excluyentemente y sin límite alguno; no considerando que el desconocimiento absoluto de los otros grupos, aún como posibilidad, niega a la sociedad y al ser humano mismo en toda su complejidad existencial.   


EL PLANO POLÍTICO BAJO LA LUPA SOCIAL

Usemos mejor un símil gráfico para comprenderlo: En óptica, los lentes gran angulares (en forma sencilla: los que abarcan un ángulo de visión superior al de la visión humana) tienden a distorsionar  sobremanera las imágenes, curvándolas en sus bordes, al punto de aparentar cerrarse…

En forma parecida se distorsiona la recta ideal absoluta de la fig. Nro. 1, cuando se enfoca desde el lente de la realidad existencial evolutiva del ser humano, tendiendo a curvarse sus extremos hasta quedar yuxtapuestos en formación prácticamente circular, como se representa en la fig. 2.

Es que la solución al “problema” de la coexistencia humana en sociedad no es tan simple como limitarlo a un mero asunto de dos posturas existenciales divergentes; no, pues sería cuestión de elegir una y listo, contraponerla a la otra y asunto arreglado. Porque existe una variable que da al traste con cualesquiera previsiones: el ser humano; en cuanto expresión evolutiva imperfecta y torpe existencialmente, que se expresa en todas sus capacidades e incapacidades, valores y antivalores, virtudes y vicios, verdades y mentiras, aciertos y errores, amores y odios, materialismo y espiritualidad, etc. Porque es ese ser humano quien va a concretar y a medir como acción de vida, esas posturas políticas; generándose inevitablemente la variable distorsionante, que constituye el factor de “error” de toda propuesta política; la cual, se acepte o no, necesariamente queda circunscrita a la expresión existencial del ser humano. Así, el sistema político  ideal posible, en realidad se halla en la justa y pertinente divergencia de visiones existenciales y en la honesta convergencia hacia el ser humano.


EL FASCISMO BAJO LA LUPA SOCIAL


El fascismo constituye una desviación extrema de la postura política de derecha; mientras la Dictadura de Estado, hasta ahora se ha evidenciado como un extremo de la izquierda. El problema radica en que ambas prácticamente se tocan, cerrando el arco del plano político en un círculo. Esto tiene una repercusión extraordinaria, pues, desde criterios fácticos, relativiza las propuestas políticas y las “condena” a la coexistencia y entremezcla de sus factores. Todo ello por un hecho obvio: cualquier intención política, presumiendo su honestidad, al final confluye en un ser humano concretándose en su “circunstancia” evolutiva, y por tanto, dinámico y cambiante. Así, la dinámica social de la izquierda siempre conspira contra los regímenes  de derecha; mientras  la inercia y estabilidad, anquilosante pero  “segura”, de la derecha, atenta contra los regímenes de izquierda.

Ubicar el “centro” del círculo pareciera la solución salomónica y “moderada”, pero ocurre que el “centro” en realidad no es centro, sino sólo un punto referencial entre dos posturas políticas sujetas a cambios relativos y evolutivos. Porque ese círculo político es dinámico, y en sus análisis priva la realidad, la acción política concreta, por sobre  los supuestos o postulados ideológicos, merced a la falta de eficacia ideológica de los postulados políticos y al pragmatismo y maquiavelismo imperantes  en la política contemporánea; evidenciándose así el verdadero sentido de una propuesta política determinada, y el desfase  entre el dicho y el hecho de los grupos o partidos que pretenden concretarlas en la sociedad.

Hace 100 años, los enunciados entre derecha e izquierda eran absolutamente excluyentes. Hoy en día, la derecha ostenta muchos de los postulados de la izquierda (en materia laboral, por ejemplo), a la vez que la izquierda ha venido concediendo su justo espacio al capital en sus postulados. Como se observa, la relación entre derecha e izquierda ha cambiado sobremanera en un siglo; paradójicamente la verdad evolutiva los ha coincidido en muchos aspectos; sin embargo, la confrontación ideológica, en cuanto expresión de visiones existenciales humanas esencialmente contrapuestas, persiste, ya comparativamente más afinada, más profunda, más sensata y más honesta.    

De esa forma, diferentes sociedades pueden tener de hecho diversas relaciones fácticas de valor entre derecha e izquierda, más allá de sus postulados teóricos (tal como ocurre en España y Francia). Ocurriendo, por ejemplo, que si en una sociedad determinada, el gobierno se “corre”  un poco desde la derecha moderada hacia la derecha, luego entonces, la diferencia absoluta entre esa propuesta política y la izquierda (con opción electoral) se incrementa; siendo que, éticamente ese diferencia debería mantenerse para asentar su lucha principista desde allí; no obstante, en la realidad tiende a ocurrir un corrimiento  compensatorio buscando el favor electoral, lo que, en su mínimo perjuicio, mantiene la  proporción de sus diferencias, en desmedro ideológico del sector que cede posición, y en ganancia del sector que propicia el corrimiento hacia su zona. Son los efectos del imperio del pragmatismo y de la prostitución ética, característicos de la política contemporánea. 

Así, siguiendo el ejemplo,  todo  o parte de los grupos de izquierda, tenderían a “moderarse”, tratando de ofrecer mayor atractivo electoral de su propuesta, desdiciendo su ideología. Pero a la vez, ese corrimiento de la izquierda, pudiere causar la reacción de sus sectores extremos, disconformes, que, si llegaren a tener fuerza suficiente, activarían los correspondientes sectores de extrema-derecha. En cambio, si el gobierno fuese de izquierda, generalmente hay una tendencia hacia aglutinamiento de todos los sectores moderados hacia la derecha, y un arreciamiento del “choque”  social; y solamente si llegase a sentirse muy disminuida, iniciaría la derecha el corrimiento compensatorio, yendo inclusive mas allá de lo esperado…Tal como ocurrió con la llamada “social democracia”, que en realidad es una ideología “camaleónica” de derecha, es decir, el uso de grupos cismáticos de izquierda como punta de lanza para ofrecer políticamente muchas de los planteamientos sociales de la izquierda, pero bajo el control y usufructo real de la derecha, generándose el hoy devaluado populismo. Cabe aclarar que todo sería posible siempre como tendencias de grupos o sectores.

Tanto la izquierda como la derecha, no solamente se enfrentan entre sí, sino que ellas libran sus propias luchas internas. Pues para la extrema-derecha, un gobierno de derecha moderada, raya en izquierda. Igualmente, para la extrema-izquierda, un gobierno de izquierda moderada, son camuflados de derecha. Así, evidentemente, la lid democrática institucionalmente “sana”, sólo es posible con los factores extremos del plano político en su mínima expresión. Por tanto, cuando la elasticidad política social se fuerza más allá de su capacidad, por sus roturas se escapan los fantasmas del extremismo, y ello es sinónimo de caos, inestabilidad y muerte.

El día que grupos mayoritarios de izquierda en el nuestro planeta, renuncien al plano político ideal absoluto (Fig.1) y se ubiquen honesta y éticamente en el plano político real; comenzarán a constituirse en verdadera opción de gobierno. Porque “aterrizarán” ideológicamente; dejarán de ser capirotes de la derecha; sabrán dónde están y entenderán qué hacer; renunciarán a sus clásicas medidas arbitrarias  restrictivas de la libertad en nombre del bien común, sin considerar al ser humano en su integralidad (esto les entra por un oído y les sale por el otro); configurarán su propia teoría económica (aspecto en el que se les extravió la brújula), y tal vez, a lo mejor se reencuentren con el Cristo…; entre otras cosas.

  

 



En definitiva, consideremos que en ese plano político real, existen factores, vicios y perversiones, enmarcados por circunstancias históricas que especifican cualquier acción política, haciéndola única e irrepetible; lo cual es lógico, pues de lo contrario, negaríamos la evolución social. Por tanto, todo proceso político puede reproducirse históricamente en procesos parecidos, concordantes en muchos o pocos aspectos o con tendencias hacia ellos, pero jamás iguales. Por eso, es muy  diferente desde el punto de vista del aprendizaje humanístico, político, jurídico, social y cultural, un Hitler a un Franco, ni de decir de un Videla, un Pinochet o un Pérez Jiménez. Porque la importancia de su significado, más allá de los “efectos” en común, radica en sus causas, al revelar las complejidades y simplezas de los comportamientos de los individuos y de las sociedades, que traspasan inclusive las ideologías para crear realidades políticas imprevistas, exigiendo replanteamientos ideológicos y correcciones en la acción, que determinan el andar evolutivo político de las sociedades.   

De manera que, los instrumentos del fascismo tienen mil excusas, no discriminan ideologías y pueden presentarse por separado, completos, parcializados, crudos, o diluidos por eufemismos intelectualoides. Al menos el fascismo y la dictadura de Estado comunista, en cuanto expresiones políticas, son perversiones  aprendidas, y ya con anticuerpos suficientes en las conciencias de los pueblos para evidenciarlos, darles lucha y contrarrestarlos. Es a sus nuevas mutaciones y manifestaciones sofisticadas, complejas y enrevesadas, a las que hay que temerle, pero no sólo en segunda sino en primera persona y en tiempo presente; porque, quien esté libre de caer en las perversiones fascistas, que lance la primera piedra.

Los Hitler, los Stalin, los Pinochet y los Pérez Jiménez, no son íncubos, engendros del demonio, no; son seres humanos  existiendo en cualquier plaza, cualquier cuartel, cualquier  patronal o cualquier partido político. Es la sociedad en sus procesos sociopolíticos, quien los engendra políticamente y desata sus perversiones. Hitler, en otras circunstancias históricas, no hubiese pasado de ser un pintor de plaza, o a lo máximo, un solícito cabo reservista; Stalin un agricultor próspero o un agrio dirigente sindical; Pinochet un amargado General más en retiro, y Pérez Jiménez un ex oficial mañoso y de casino.

Así pues, la enumeración generalizada y parcializada de caracteres, indudablemente constituye un instrumento propagandístico y panfletario muy  eficiente, que puede ser manipulado expertamente en uno u otro sentido del plano político. Empero, el conocer críticamente sus trasfondos sociales, culturales, políticos, jurídicos, históricos y evolutivos, es lo que nos dota de la conciencia social, ética, humanista y espiritual, para un sano discernimiento político.

Todo se resume en la ética. La ética le crea a la política: un compromiso con la verdad: en la palabra, obra u omisión; un deber con el ser humano: no como estadística electoral, sino en su más intimo de su ser: su dignidad; y un compromiso con la sociedad: su eficacia. El político principista tiene, debe  imponerse al pragmático, para que su ubicación en el plano político no se negocie ni se “corra” hacia posturas acomodaticias que lo contradicen en la acción y reniegan de su ideología. La política debe hacer de la eficacia su razón de ser; porque la eficacia la legitima en su raíz social; porque la eficacia la autentifica ontológicamente; porque la eficacia  hace que el inicio: el ser humano y la sociedad; se reúna con  el fin: la justicia, la igualdad, la libertad, la paz y la felicidad.

El artículo referido se halla en:  http://www.ultimasnoticias.com.ve/opinion/firmas/pare-de-sufrir---luis-britto-garcia/fascismo.aspx



Javier A. Rodríguez G.




 





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