lunes, 13 de mayo de 2013

Fascismo. Lo Que No Dice Un Panfleto.

El tema del fascismo ha estado muy activo en el foro político del país. Los dimes y diretes giran en torno a quién es más fascista. En estos ambientes políticos tan radicalizados, el saber y la verdad se desmigajan para que cada quien tome lo que le convenga. En ese contexto, publica un prestigioso escritor venezolano, un artículo que enumera en 8 párrafos  los caracteres del fascismo, en flagrante configuración panfletaria.

Por eso precisamente se ha escogido dicho artículo para desarrollar estos comentarios, a los fines de evidenciar lo que oculta, lo que no dice y lo que miente, un excelente panfleto propagandista concebido desde una parcialidad ideológica.

Terminan estos textos con algunos planteamientos acerca de la política, a los fines de ampliar los horizontes del análisis crítico respecto del fascismo o cualesquiera otras ideologías y procesos políticos. Buscando siempre la creación de con-ciencia y no la dependencia y sumisión.

Recalcando el profundo respeto por las personas, sus criterios y pensamientos, que nos nutren y enriquecen; pero también, reafirmando la irreverencia ante el conocimiento como primera condición para la aproximación a la verdad.

LO QUE NO DICE UN PANFLETO.


1.- Hollywood representa el fascismo como pandilla de malencarados en uniforme que agitan estandartes y gritan órdenes. La realidad es más perversa. Según Franz Leopold Neuman en Behemoth: The Structure & Practice of National Socialism, 1933-1944, el fascismo es la complicidad absoluta entre el gran capital y el Estado. Donde los intereses del gran capital pasan a ser los de la política, anda cerca el fascismo. No es casual que surja como respuesta a la Revolución comunista de la Unión Soviética.

Esa complicidad se produce por vía de contingencia, es decir, aunque el Estado fascista niega de plano el dejar hacer, dejar pasar; y por su parte, el gran capital aspira un Estado reducido a su mínima expresión, ambos convergen en un falso mutualismo que al final los llevaría irremediablemente a enfrentarse.

La revolución anti-monárquica antizarista de Rusia, como todas las de su tipo, de burgueses y de campesinos, al mutar artificiosamente hacia una revolución obrera sin obreros, y la conformación del Estado comunista con la fuerza de las balas, se convirtió en el “coco” de las sociedades  liberales capitalistas, de todos los regímenes de derecha, y hasta de izquierdas sensatas, por no decir “decentes”.

En consecuencia, la influencia del “peligro rojo” en la conformación del fascismo como ideología  y estructura político-social  de extrema derecha, es obviamente natural y lógica; si consideramos que aquellos no solamente buscaban “exportar” su “ejemplo” sino la revolución misma, interviniendo a fuerza de balas en las soberanías y estatus quo de esos países. Aún más, si tomamos en cuenta que en la Alemania e Italia de esos tiempos, sí existían verdaderos movimientos obreros de corte socialista… Entonces, ante la dictadura del proletariado…, la dictadura de la Burguesía.

Es que había un trasfondo histórico y unas condiciones político-sociales, que fueron el basamento para la estructuración del Fascismo. Una Alemania derrotada en la guerra y la prepotente Europa asolada por el hambre y la miseria,  por culpa de un liberalismo demócrata capitalista que había trastocado el soporte “natural” del orden, la paz y del trabajo, merced a una libertad que degenera los valores, las tradiciones y la cultura, pervierte al Estado y corrompe al individuo, desligándolo del vínculo emotivo histórico con su patria.

Así, en dos naciones, Italia y Alemania, entradas  tarde  a la unificación de sus nacionalidades, y sin poder aún acceder al estatus de grandes superpotencias, al nivel de España, Inglaterra o Francia, tenían pues, de alguna forma, los resabios de la gloria añorada y de la “supremacía” biológica no aprovechada en su potencialidad. Sobretodo Alemania, quien luego de lograr un auge económico y  un desarrollo tecnológico muy importantes (lo que hubo amentado su ego hasta el extremo de tratar de hacer de Venezuela su colonia,1902-1903), estaba en el más absoluto desastre económico, sufriendo el lastre de la derrota en la llamada “primera guerra mundial” (consideremos que hacia 1923 se emitieron billetes de un millón de marcos, y que, por ejemplo, reponer el cristal de la ventana de una fonda, costaba el monto de construcción de la fonda más sus ingresos en lo últimos 20 años).

Así pues, todos los elementos de esa situación político social van a buscar como punto de convergencia la nación, en cuanto expresión evolutiva histórico cultural, manifestada esencialmente como un vínculo emotivo del “origen y destino en común”, concretada en principios y valores que la definen y cualifican.

Siendo allí precisamente donde germina el criterio de la “fascia” (Mussolini), o “unión” de las masas “populares”, a través de un instrumento político que la permita, exprese y potencialice: el partido. Porque un carácter evidente del fascismo es el “convencimiento” de sus partidarios y defensores de que obran por principios y valores históricamente justificados.

De otra parte, cuando los intereses del gran capital pasan a ser abiertamente los del Estado: se llama: Sinceridad; pues el capitalismo es polimorfo y se mimetiza perfectamente con el “medio ambiente” imperante. Si no preguntémosle a China.


2.- El fascismo niega la lucha de clases, pero es el brazo armado del capital en ella. Aterroriza a la baja clase media y la marginalidad con el pavor a la crisis económica, a la izquierda y la proletarización y las enrola como paramilitares para reducir por la fuerza bruta a socialistas, sindicalistas, obreros y movimientos sociales. Mussolini fue subvencionado por la fábrica de armas Ansaldo y el Servicio Secreto inglés; Hitler financiado por las industrias armamentistas del Ruhr; Franco, apoyado por terratenientes e industriales, Pinochet por Estados Unidos y la oligarquía chilena.

No es que niegue la lucha de clases, simplemente las considera innecesarias y aberrantes, pues, como buen criterio de derecha, el  “orden” imperante es “justo”, necesario e inevitable. Pero además,  el “corporativismo”, o sea, la “fascia” de trabajadores y empresarios, suma dos instancias supuestamente antagónicas hacia el vasallaje ante la supremacía del Estado, el cual es llevado a su máxima distorsión funcional, tomando el control de todo el ente social; por lo que la lucha del ciudadano ha de ser la del Estado, por sobre su persona, su familia y cualesquiera otros (de ahí el carácter militarista del fascismo). Porque la “fascia” no es un vínculo o “unión” entre personas o grupos de personas, sino directa y exclusivamente es un compromiso, o más bien una servidumbre naturalmente justificada y necesaria, del individuo hacia el Estado, determinada por las especificidades que diferencian unos “fascismos” de otros. Consideremos nomás que un Alemán es por sobre todo Alemán; diferente a lo que ocurre en nuestros países latinoamericanos, que nos dividimos en “sociedad civil”, “pueblo” y “chusma”…

En cuanto a la creación de “pavor a la crisis económica y a la proletarización”. Cabe tener mucho cuidado con esas afirmaciones, sobre todo para el aprendizaje de las nuevas generaciones, porque crean la idea de regímenes impuestos por grupos de “malvados” sobre pueblos castos y puros; despojándolos de la riquísima enseñanza de la historia, la evolución, la cultura, la sociedad, del Derecho y del ser humano.

En el caso del fascismo Alemán, como se ha dicho, su establecimiento  más bien se sustenta en situaciones sociales deprimidas, con alto porcentaje de baja autoestima individual y social, arraigándose como salvación (otra cosa es magnificar propagandistamente las malas condiciones socioeconómicas) Parecido a lo ocurrido en la Edad Media con los Señores Feudales, ante quien, el vasallo sometía su libertad, su libre albedrío y hasta su vida, a cambio de sosiego existencial. Así, el Estado fascista representa el tronco a la deriva al cual todos y cada uno, unidos por el lazo de la nación, se aferran, en medio de un gran lago histórico-evolutivo que los origina pero amenaza con devorarlos. Siendo que el fortalecimiento del “tronco” o Estado, justifica  la supresión de los partidos políticos, la libre competencia, el sometimiento de los grupos y movimientos sociales de choque, y por supuesto, la reducción por la fuerza bruta, de los “brutos” socialistas que anunciaban el establecimiento en dos cuotas de algo muy parecido al paraíso terrenal, no en hermosa misión de llegar a las conciencias y espiritualidad de las gentes con la buena nueva, no,¡¡a punta de balas!!...

Es que aquí mismo en nuestro país, hace unos 60 años tuvimos un régimen de derecha fascista, e insólitamente, durante muchas décadas se escuchaban las añoranzas  de esos tiempos de “seguridad”, “orden” y “paz”, no sólo de burgueses sino también de simples asalariados de ciudades y pueblos, inclusive, a más de un dirigente de izquierda se le han escuchado alabanzas y hasta llamar al dictador: “mi General” ¡¡Válgame Dios!!  Ese régimen, tratando de acallar la historia, destruyó grandes obras históricas y estancó el  andar evolutivo país, creando una gran fachada de tranquilidad, bienestar y progreso; resultando que a su caída, la verdad social abofeteó la conciencia aletargada de muchos; empero, no obstante, otros siguieron suspirando por los tiempos de hermosos carnavales y del andar tranquilo y seguro por las calles…

Debemos aprender…, aprehender; que esos regímenes de ultraderecha generalmente se configuran y concretan  merced a etapas sociales de gran conflictividad, caos sociales y defraudaciones políticas. Entendámoslo, los pueblos que luchan, enfrentan y vencen las más terribles adversidades, degüellan reyes, derriban muros y enfrentan y vencen imperios; también en tiempos parecieran cansarse, sometiendo su libertad y hasta su dignidad al más puro instinto de sobrevivencia, traducido en sosiego existencial. Y esos regímenes de extrema derecha le ofrecen a cambio una paz falsa (que en realidad expresa las relativas calma, seguridad y tranquilidad del vasallo), fundamentada en la inercia social, es decir, dejar las cosas tal como están, respetar el orden “natural” de las sociedades.

Ciertamente, el fascismo es algo más que caras gruñonas y fusiles, pero también es muchísimo más grave que un concubinato entre el gran capital y el Estado. Es la resignación por siempre al orden establecido, es el estancamiento de la dinámica evolutiva social natural, es la intoxicación del entendimiento y la perversión de la razón, y es la consignación a perpetuidad que hace el ser humano de su dignidad, a un estamento que le garantiza una falsa supremacía, ser un “superhombre” de alcornoque, que llega a la prepotencia de pretender deslastrarse inclusive de Dios.


3.- El fascismo convoca a las masas, pero es elitista. Corteja y sirve a las aristocracias, sus dirigencias vienen de las clases altas e instauran sistemas jerárquicos y autoritarios. Hitler establece el Führer-Prinzip: cada funcionario usa a sus subordinados como le parece para alcanzar la meta, y responde solamente ante el superior. El caudillo falangista responde solo ante Dios y la historia, vale decir, ante nadie.

Como se ha dicho, no sólo convoca a las masas sino que se sustenta en ellas. La responsabilidad del caudillo se funda principalmente, como todo Estado fascista “preciado” de serlo, en un compromiso “ético”, en el “deber ser” determinado por una historia, cultura  y circunstancias que lo obligan irremediablemente, por eso no pueden sentir remordimiento alguno ante el deber cumplido…

De otra parte, si de “élites” hablamos, la izquierda tiene como uno de sus defectos congénitos, el soportarse extremadamente en élites intelectualoides, quienes supuestamente comprenden cómo y por qué se librarán las clases obreras de la opresión burguesa, por eso le dan apenas ciertas” capsulas de conciencia”  de lo que “necesitan conocer” (a un grupo, pues  otro es sólo escoria social o lumpen); lo demás es pérdida de tiempo… Generalmente se reúnen en conciliábulos para planificar el destino de los pueblos, ¡¡sin pueblos!!

En nuestro país también la responsabilidad de los funcionarios está en el limbo. Los juramentan en nombre de Dios y la patria, ¡¡válgame Dios!! Con toda razón a los funcionarios  no “les quita el sueño” la responsabilidad administrativa, claro, si la patria es ante todo un sentimiento, y las cuentas con Dios eventualmente serían en otro mundo… En verdad el mundo de las ideas es pequeño, hablando de fascismo tal vez estamos concluyendo que la corrupción en nuestro país se inicia desde la misma juramentación, que en sí misma es corrupta…


4.- El fascismo es racista. Hitler postuló la superioridad de la "raza" aria, Mussolini arrasó con libios y abisinios, y planeó el sacrificio de medio millón de eslavos "bárbaros e inferiores" a favor de 50.000 italianos superiores. El fascismo sacrifica a sus fines a los pueblos o culturas que desprecia. Los falangistas tomaron España con tropas moras de Melilla. Albert Speer, el ministro de Industrias de Hitler, alargó la Segunda Guerra Mundial de dos a tres años más con la producción armamentista activada por 3 millones de esclavos de razas "inferiores.

Son segregacionistas por esencia y racistas por consecuencia. Pues el  mismo origen de sobrevivencia cultural y social, los lleva a repudiar a quienes representen otros valores y creencias. Tal como ocurrió con el “problema judío”, que en principio lo fue principalmente cultural y financiero, pero luego de varios tanteos fue “evolucionado” hacia la solución final.  El carácter racista del fascismo le vendría sobretodo desde su gentilicio europeo; porque, consideremos que el racismo en la Europa es congénito en sus sociedades, llegando hasta el punto de “cuadrar”  teorías y hasta falsificar partes de fósiles humanos, al propósito de justificar el origen autóctono de su raza….


5.- Fascismo y capitalismo tienen rostros aborrecibles que necesitan máscaras. Los fascistas copian consignas y programas revolucionarios. Mussolini se decía socialista, el nazismo usurpó el nombre de socialismo y se proclamaba partido obrero (Arbeiter); en su programa sostenía que no se debía tolerar otra renta que la del trabajo. Por su falta de creatividad, roban los símbolos de movimientos de signo opuesto. Los estandartes rojos comunistas y la cruz gamada, símbolo solar que en Oriente representa la vida y la buena fortuna, fueron confiscados por los nazis para su culto de la muerte.

No necesariamente, los rostros de esas ideologías pueden ser afables y cordiales, como el de Piñera, hipócritamente humanista y pacífico, como el de Obama, y ardientemente sensual, como  París Hilton. No nos confundamos, ellos van a misa los domingos, le piden la bendición a sus padres y también “rezan cuando montan en el avión” desde donde lanzan sus bombas criminales

No  copian las consignas y los programas revolucionarios, no; los usan legitimados desde su postura existencial. Esos programas y propuestas políticas, una vez enunciados, constituyen patrimonio no sólo de un país sino de la humanidad, y políticamente las aplica quien le dé la g…O es que la izquierda no usa las sociedades anónimas, marcas comerciales, empresas con patronos y obreros etc., ni se diga de la teoría económica capitalista, a la que tienen que apelar por no haber podido configurar una propia políticamente factible… Orden, paz y trabajo son “valores” de la Derecha fascista, y deberían serlo de las tesis socialistas. No se trata de términos, sino de significados… Esto debe entenderlo la izquierda de una vez por todas, no se trata de decirse socialista o revolucionario, sino de  serlo verdaderamente. La revolución soviética terminó masacrando a sus líderes, siendo todo menos socialista, rematando en una dictadura de Estado sustentada por muchos de los caracteres del fascismo. ¿Entonces?

En cuanto a lo del trabajo y de los partidos obreros, ya se han señalado algunas características del origen del nacionalsocialismo, agreguemos que durante la crisis capitalista del 30, Alemania estaba a menos del 60% de su capacidad productiva y con casi 6 millones de desempleados… Hay que reconocerlo, es un insulto a la historia y a la razón no decirlo, un alcance que presentó el régimen nacionalsocialista es haber logrado absorber gran parte de esa masa de desempleados y apuntalar la economía, no en “índices” y “papeles” sino palpable en las mesas y platos…

Recordemos el origen de Hitler: Hijo de un funcionario público de bajo nivel y alcohólico. Rechazado por la academia de artes, no tanto por sus cualidades artísticas (que en promedio sí las tenía), sino por ser pobre, hasta harapiento y vagabundo, sin hogar, sin comida y con sólo un sueño: ser un artista. Pintaba en las plazas para comer, flacucho, desnutrido, más que de alimento, del afecto  y la justicia de una nación  y una sociedad que lo habían olvidado, como a tantos otros… Un día, a las puertas de un convento, con hambre y azotado por el crudo invierno, la buena monja lo auxilia, le da sopa y abrigo, al hombre que luego, siendo el más poderoso de Alemania y  de la Europa, dejaría morir a cientos de miles por la más atroz inanición, y asesinaría a millones con las más horribles de las horribles formas concebidas por  la humanidad.

Por eso fue “Hitler”, por eso llegó a ser el Führer, porque representaba el ideal del Alemán pobre y de las clases medias empobrecidas, el surgido de la nada, el de la voluntad inquebrantable que reclamaba y buscaba en la nación el vínculo, el afecto, la fortaleza para ser todo los grandes que podían ser…

Ha sido un error consecuente asignar a los líderes atribuciones que no les corresponden, y así Hitler, y detrás de él su camarilla, termina siendo el único responsable de los millones de  muertos en las invasiones  y por la limpieza racial y hasta de los muertos de las expresiones fascistas hasta nuestros días, cuando en realidad hubo todo un entramado político social cultural detrás de él.

La moraleja es que los Hitler no expresan nombres, ni individuos, sino conceptos, engendrados por la naturaleza humana y gestados por la sociedad, que se manifiestan en cualquier momento y en cualquier lugar,  solamente cambiando los términos, pero la esencial conceptual es la misma, inclusive, al final llegan a estar entre los extremos derecha e izquierda, juntos o por separado, ¿o es que Stalin fue un bebe de pecho?

En todo caso, lo justo sería la mutua compensación, vía reconocimiento: Los fascistas lo que hubiesen tomado  o tomen de la izquierda socialista y  éstos lo que usaron o usen del fascismo para solventar sus torpezas en lo conceptual y en el proceder.


6.- El fascismo es beato. Los curas apoyaron a los falangistas que salían a matar prójimos y fusilar poetas. El Papa bendijo las tropas que Mussolini mandó a la guerra; nunca denunció las tropelías de Hitler. Franco y Pinochet fueron idolatrados por la Iglesia. 

Por su mismo criterio generatriz, tomando como referencia al alemán, al fascismo le estorba todo tipo de credo o religión que entorpezca el vínculo de sumisión entre el ciudadano y el Estado. No obstante, ha sabiendas de su poder sugestivo, la toleran y la usan a sus propósitos; mientras al alto clero, con su criterios de derecha, poco les cuesta sacrificarse por el “orden”, la “paz”, “trabajo” y “salvación” de las almas de sus feligreses, lo demás sería puro “daño colateral”. Además, como se ha dicho, cada uno de esos regímenes tienen sus características particulares; por ejemplo: las relaciones del nacionalsocialismo  y del Franquismo con la jerarquía eclesiástica, son totalmente diferentes.


7.- El fascismo es misógino. Para las mujeres, Kirche, Küche, Kinder: iglesia, cocina, niños. Nunca figuró públicamente una compañera al lado de sus líderes; quienes las tuvieron, las escondieron o relegaron minuciosamente. Nunca aceptaron que una mujer ascendiera por propio mérito o iniciativa.

Esto se debe ubicar en su contexto. La Italia fascista y la Alemania nacional-socialista, se desarrollan en los años 20 y 30, por lo que la discriminación casi absoluta de la mujer en esa época es la regla en el mundo “civilizado” y más allá. Por tanto, en las versiones modernas del fascismo, no sería de extrañar encontrar damas de hierro, de aluminio y hasta de hojalata dirigiéndolas.


8.- El fascismo es antiintelectual. Todas las vanguardias del siglo pasado fueron progresistas: la relatividad, el expresionismo, el dadaísmo, el surrealismo, el constructivismo, el cubismo, el existencialismo, la nueva figuración. A todas, salvo al futurismo, las trató como "arte degenerado". El fascismo no inventa, recicla. Solo cree en el ayer, un ayer imaginario que nunca existió. El fascismo asesinó a Matteotti, encarceló a Gramsci, fusiló a García Lorca e hizo morir en la cárcel a José Hernández. Pinochet asesinó a Víctor Jara. Cuando oigo hablar de cultura, saco mi pistola, decía Goering. Cuando oigamos hablar de fascismo, saquemos nuestra cultura. 

Es anti-intelectual en el sentido de que pretende restringir el conocimiento a sus propósitos y  creencias, exigiéndoles a sus intelectuales  se ajusten y amolden a ello. Lo cual no es novedoso, pues es tendencia de los regímenes de gobierno de cualquier ideología, tratar de dominar el conocimiento, retrotraerlo y manejarlo  a su conveniencia.

En cuanto a los muertos, debemos tener mucho cuidado en sacarlos de su contexto histórico y sustraerlos de las responsabilidades específicas de su circunstancia, y de la riqueza de la memoria de la humanidad. Poniéndolos, así por así, en fosa común, solamente para engrosar ejemplos que desinforman, confunden, ocultan o soslayan las responsabilidades específicas de las sociedades, pues al final será el “pobre” Hitler quien cargue con todos esos difuntos.

A algunos también nos provoca sacar un arma, pero cuando oímos hablar de personas “cultas”…  

Sí, saquemos nuestra cultura, pero la plena, la verdadera, la de todos, no la parcializada, la  falsa, la secuestrada e “interpretada” por unos pocos.



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Desde el fascismo Alemán hasta hoy en día, ha transcurrido mucho mundo; pero, por supuesto, seguimos reaccionando a nuestras “circunstancias” históricas. Vasallos libres, iguales en la desigualdad y justamente injustos, en un mundo dominado por unas cuantas potencias. Al final es la misma intención del fascismo pero con más sutileza, vericuetos políticos, institucionales y jurídicos, acción “intelectual” y “cultural”.
No obstante la verdad se abre paso, a veces muy lentamente, pero siempre se abre paso. La URSS, queriendo instaurar la sociedad comunista, terminó pareciéndose al fascismo y justificando y fortaleciendo al capitalismo; hasta el punto que su derrumbe y desaparición, ha significado el comienzo de una severa crisis del capitalismo. La verdad se abre paso…
Así vemos cómo la propaganda sigue siendo un instrumento de manipulación. Goebbels sigue asesorando a unos y a otros.
“La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentarlas una y otra vez desde diferentes perspectivas, pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas... Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad”.






FASCISMO HUMANO

Hemos tratado de ubicar al fascismo dentro del contexto social, histórico y humano. Sí, humano, porque tan humano fue Hitler como Gandhi, y tanto tenemos que aprender de uno y de otro. El fascismo, en sus caracteres generales,  es una posibilidad  humana, y absolutamente ninguna, ninguna  sociedad está exenta de tenerlo presente, de una u otra forma, en sus expresiones políticas, sean de derecha o de izquierda. Porque, el hecho del origen burgués del fascismo no puede ser usado por los grupos políticos de izquierda “tradicional” como “chivo expiatorio” para justificar impunemente la aplicación de muchos de sus instrumentos de dominación, manipulación, “programación” y exclusión.


LA DERECHA Y LA IZQUIERDA EN EL PLANO POLÍTICO.

Lo peculiar de la clasificación política referenciadas entre izquierda y derecha, extendida hacia sus respectivos extremos, además de las expresiones intermedias; es que  surge, o mejor dicho, se expresa fácticamente en las asambleas de la revolución Francesa, cuando los grupos revolucionarios conservadores se sentaban a la derecha, mientras los más radicales lo hacían a la izquierda; y luego, por extensión, llegó a expresar dos posturas políticas que formulan sendas visiones y actitudes existenciales de los grupos sociales.

Veamos las diferencias esenciales entre “izquierda” y la “derecha”:

La derecha defiende el orden establecido, por ser natural y  justo y querido por la voluntad divina. Por tanto,  la lucha de clases no tiene sentido, pues el orden natural, lógico e irremediable en la sociedad, ha colocado a cada cual en su lugar, de tal forma que el hijo del banquero será banquero y el del obrero será obrero, resultando en una movilidad social muy restringida. La igualdad  está relativizada por el orden natural. El trabajo se constituye en elemento cohesor del “orden” social, por tanto, su ponderación ética pasa por sobre el individuo y se centra en el sostenimiento y potenciación de ese orden. La paz es estática, condicionada al no hacer. Por ende, el Derecho no busca la justicia ni la igualdad, sino el orden natural que las expresa. El Estado y todas sus instituciones se configuran de acuerdo a esa postura existencial, garantizando  “orden”, “paz” y “trabajo”.

Por su parte, la izquierda considera que el orden social prevalente es injusto y terriblemente desigual. Por eso plantea invertir sus factores, a los fines de alcanzar mayor justicia e igualdad. De esa forma, el “orden” se trasforma en “acción” social, adquiriendo así un papel preponderante la sociedad.  Esto crea un enfrentamiento entre clases, necesario e inevitable, que se expresa en una movilidad social que tiende a la anarquía. La igualdad  se convierte en motor social. El trabajo cohesiona y potencializa  la sociedad en su dinámica, pasando de medio de subsistencia a expresión existencial. La paz es dinámica, conflictiva por esencia y con tendencia a ser peligrosamente inestable. El Derecho debe propender a la auténtica justicia e igualdad, lo que origina reacciones que se inclinan a la inestabilidad social. El Estado, en la izquierda democrática, teóricamente  es de “Derecho y de justicia y con preeminencia de los Derechos Humanos”.

Esas notas diferenciadoras amplias de ambas perspectivas políticas, suponiéndolas honestas, se expresan en dos opciones políticas fundamentales, que se explayan en una gama de posibilidades, demarcadas por caracteres ideológicos. Tales opciones, en principio e idealmente, deberían estar ubicadas en línea recta con sus diferentes valoraciones o grados, como se ilustra en la fig. 1; creándole a los grupos de derecha e izquierda, la ilusión de poder proyectarse en su orientación política  excluyentemente y sin límite alguno; no considerando que el desconocimiento absoluto de los otros grupos, aún como posibilidad, niega a la sociedad y al ser humano mismo en toda su complejidad existencial.   


EL PLANO POLÍTICO BAJO LA LUPA SOCIAL

Usemos mejor un símil gráfico para comprenderlo: En óptica, los lentes gran angulares (en forma sencilla: los que abarcan un ángulo de visión superior al de la visión humana) tienden a distorsionar  sobremanera las imágenes, curvándolas en sus bordes, al punto de aparentar cerrarse…

En forma parecida se distorsiona la recta ideal absoluta de la fig. Nro. 1, cuando se enfoca desde el lente de la realidad existencial evolutiva del ser humano, tendiendo a curvarse sus extremos hasta quedar yuxtapuestos en formación prácticamente circular, como se representa en la fig. 2.

Es que la solución al “problema” de la coexistencia humana en sociedad no es tan simple como limitarlo a un mero asunto de dos posturas existenciales divergentes; no, pues sería cuestión de elegir una y listo, contraponerla a la otra y asunto arreglado. Porque existe una variable que da al traste con cualesquiera previsiones: el ser humano; en cuanto expresión evolutiva imperfecta y torpe existencialmente, que se expresa en todas sus capacidades e incapacidades, valores y antivalores, virtudes y vicios, verdades y mentiras, aciertos y errores, amores y odios, materialismo y espiritualidad, etc. Porque es ese ser humano quien va a concretar y a medir como acción de vida, esas posturas políticas; generándose inevitablemente la variable distorsionante, que constituye el factor de “error” de toda propuesta política; la cual, se acepte o no, necesariamente queda circunscrita a la expresión existencial del ser humano. Así, el sistema político  ideal posible, en realidad se halla en la justa y pertinente divergencia de visiones existenciales y en la honesta convergencia hacia el ser humano.


EL FASCISMO BAJO LA LUPA SOCIAL


El fascismo constituye una desviación extrema de la postura política de derecha; mientras la Dictadura de Estado, hasta ahora se ha evidenciado como un extremo de la izquierda. El problema radica en que ambas prácticamente se tocan, cerrando el arco del plano político en un círculo. Esto tiene una repercusión extraordinaria, pues, desde criterios fácticos, relativiza las propuestas políticas y las “condena” a la coexistencia y entremezcla de sus factores. Todo ello por un hecho obvio: cualquier intención política, presumiendo su honestidad, al final confluye en un ser humano concretándose en su “circunstancia” evolutiva, y por tanto, dinámico y cambiante. Así, la dinámica social de la izquierda siempre conspira contra los regímenes  de derecha; mientras  la inercia y estabilidad, anquilosante pero  “segura”, de la derecha, atenta contra los regímenes de izquierda.

Ubicar el “centro” del círculo pareciera la solución salomónica y “moderada”, pero ocurre que el “centro” en realidad no es centro, sino sólo un punto referencial entre dos posturas políticas sujetas a cambios relativos y evolutivos. Porque ese círculo político es dinámico, y en sus análisis priva la realidad, la acción política concreta, por sobre  los supuestos o postulados ideológicos, merced a la falta de eficacia ideológica de los postulados políticos y al pragmatismo y maquiavelismo imperantes  en la política contemporánea; evidenciándose así el verdadero sentido de una propuesta política determinada, y el desfase  entre el dicho y el hecho de los grupos o partidos que pretenden concretarlas en la sociedad.

Hace 100 años, los enunciados entre derecha e izquierda eran absolutamente excluyentes. Hoy en día, la derecha ostenta muchos de los postulados de la izquierda (en materia laboral, por ejemplo), a la vez que la izquierda ha venido concediendo su justo espacio al capital en sus postulados. Como se observa, la relación entre derecha e izquierda ha cambiado sobremanera en un siglo; paradójicamente la verdad evolutiva los ha coincidido en muchos aspectos; sin embargo, la confrontación ideológica, en cuanto expresión de visiones existenciales humanas esencialmente contrapuestas, persiste, ya comparativamente más afinada, más profunda, más sensata y más honesta.    

De esa forma, diferentes sociedades pueden tener de hecho diversas relaciones fácticas de valor entre derecha e izquierda, más allá de sus postulados teóricos (tal como ocurre en España y Francia). Ocurriendo, por ejemplo, que si en una sociedad determinada, el gobierno se “corre”  un poco desde la derecha moderada hacia la derecha, luego entonces, la diferencia absoluta entre esa propuesta política y la izquierda (con opción electoral) se incrementa; siendo que, éticamente ese diferencia debería mantenerse para asentar su lucha principista desde allí; no obstante, en la realidad tiende a ocurrir un corrimiento  compensatorio buscando el favor electoral, lo que, en su mínimo perjuicio, mantiene la  proporción de sus diferencias, en desmedro ideológico del sector que cede posición, y en ganancia del sector que propicia el corrimiento hacia su zona. Son los efectos del imperio del pragmatismo y de la prostitución ética, característicos de la política contemporánea. 

Así, siguiendo el ejemplo,  todo  o parte de los grupos de izquierda, tenderían a “moderarse”, tratando de ofrecer mayor atractivo electoral de su propuesta, desdiciendo su ideología. Pero a la vez, ese corrimiento de la izquierda, pudiere causar la reacción de sus sectores extremos, disconformes, que, si llegaren a tener fuerza suficiente, activarían los correspondientes sectores de extrema-derecha. En cambio, si el gobierno fuese de izquierda, generalmente hay una tendencia hacia aglutinamiento de todos los sectores moderados hacia la derecha, y un arreciamiento del “choque”  social; y solamente si llegase a sentirse muy disminuida, iniciaría la derecha el corrimiento compensatorio, yendo inclusive mas allá de lo esperado…Tal como ocurrió con la llamada “social democracia”, que en realidad es una ideología “camaleónica” de derecha, es decir, el uso de grupos cismáticos de izquierda como punta de lanza para ofrecer políticamente muchas de los planteamientos sociales de la izquierda, pero bajo el control y usufructo real de la derecha, generándose el hoy devaluado populismo. Cabe aclarar que todo sería posible siempre como tendencias de grupos o sectores.

Tanto la izquierda como la derecha, no solamente se enfrentan entre sí, sino que ellas libran sus propias luchas internas. Pues para la extrema-derecha, un gobierno de derecha moderada, raya en izquierda. Igualmente, para la extrema-izquierda, un gobierno de izquierda moderada, son camuflados de derecha. Así, evidentemente, la lid democrática institucionalmente “sana”, sólo es posible con los factores extremos del plano político en su mínima expresión. Por tanto, cuando la elasticidad política social se fuerza más allá de su capacidad, por sus roturas se escapan los fantasmas del extremismo, y ello es sinónimo de caos, inestabilidad y muerte.

El día que grupos mayoritarios de izquierda en el nuestro planeta, renuncien al plano político ideal absoluto (Fig.1) y se ubiquen honesta y éticamente en el plano político real; comenzarán a constituirse en verdadera opción de gobierno. Porque “aterrizarán” ideológicamente; dejarán de ser capirotes de la derecha; sabrán dónde están y entenderán qué hacer; renunciarán a sus clásicas medidas arbitrarias  restrictivas de la libertad en nombre del bien común, sin considerar al ser humano en su integralidad (esto les entra por un oído y les sale por el otro); configurarán su propia teoría económica (aspecto en el que se les extravió la brújula), y tal vez, a lo mejor se reencuentren con el Cristo…; entre otras cosas.

  

 



En definitiva, consideremos que en ese plano político real, existen factores, vicios y perversiones, enmarcados por circunstancias históricas que especifican cualquier acción política, haciéndola única e irrepetible; lo cual es lógico, pues de lo contrario, negaríamos la evolución social. Por tanto, todo proceso político puede reproducirse históricamente en procesos parecidos, concordantes en muchos o pocos aspectos o con tendencias hacia ellos, pero jamás iguales. Por eso, es muy  diferente desde el punto de vista del aprendizaje humanístico, político, jurídico, social y cultural, un Hitler a un Franco, ni de decir de un Videla, un Pinochet o un Pérez Jiménez. Porque la importancia de su significado, más allá de los “efectos” en común, radica en sus causas, al revelar las complejidades y simplezas de los comportamientos de los individuos y de las sociedades, que traspasan inclusive las ideologías para crear realidades políticas imprevistas, exigiendo replanteamientos ideológicos y correcciones en la acción, que determinan el andar evolutivo político de las sociedades.   

De manera que, los instrumentos del fascismo tienen mil excusas, no discriminan ideologías y pueden presentarse por separado, completos, parcializados, crudos, o diluidos por eufemismos intelectualoides. Al menos el fascismo y la dictadura de Estado comunista, en cuanto expresiones políticas, son perversiones  aprendidas, y ya con anticuerpos suficientes en las conciencias de los pueblos para evidenciarlos, darles lucha y contrarrestarlos. Es a sus nuevas mutaciones y manifestaciones sofisticadas, complejas y enrevesadas, a las que hay que temerle, pero no sólo en segunda sino en primera persona y en tiempo presente; porque, quien esté libre de caer en las perversiones fascistas, que lance la primera piedra.

Los Hitler, los Stalin, los Pinochet y los Pérez Jiménez, no son íncubos, engendros del demonio, no; son seres humanos  existiendo en cualquier plaza, cualquier cuartel, cualquier  patronal o cualquier partido político. Es la sociedad en sus procesos sociopolíticos, quien los engendra políticamente y desata sus perversiones. Hitler, en otras circunstancias históricas, no hubiese pasado de ser un pintor de plaza, o a lo máximo, un solícito cabo reservista; Stalin un agricultor próspero o un agrio dirigente sindical; Pinochet un amargado General más en retiro, y Pérez Jiménez un ex oficial mañoso y de casino.

Así pues, la enumeración generalizada y parcializada de caracteres, indudablemente constituye un instrumento propagandístico y panfletario muy  eficiente, que puede ser manipulado expertamente en uno u otro sentido del plano político. Empero, el conocer críticamente sus trasfondos sociales, culturales, políticos, jurídicos, históricos y evolutivos, es lo que nos dota de la conciencia social, ética, humanista y espiritual, para un sano discernimiento político.

Todo se resume en la ética. La ética le crea a la política: un compromiso con la verdad: en la palabra, obra u omisión; un deber con el ser humano: no como estadística electoral, sino en su más intimo de su ser: su dignidad; y un compromiso con la sociedad: su eficacia. El político principista tiene, debe  imponerse al pragmático, para que su ubicación en el plano político no se negocie ni se “corra” hacia posturas acomodaticias que lo contradicen en la acción y reniegan de su ideología. La política debe hacer de la eficacia su razón de ser; porque la eficacia la legitima en su raíz social; porque la eficacia la autentifica ontológicamente; porque la eficacia  hace que el inicio: el ser humano y la sociedad; se reúna con  el fin: la justicia, la igualdad, la libertad, la paz y la felicidad.

El artículo referido se halla en:  http://www.ultimasnoticias.com.ve/opinion/firmas/pare-de-sufrir---luis-britto-garcia/fascismo.aspx



Javier A. Rodríguez G.




 





viernes, 19 de abril de 2013

El CNE. Entre la Perfección y la Eficacia.


El renacimiento marcó definitivamente  el  desarrollo evolutivo de la humanidad, iniciando, con la llamada modernidad, una forma de pensar, de plantearse el ser humano su existencia, de mirar y de ubicarse en el mundo, y principalmente, de actuar ante la realidad; resultando en la consagración del paradigma  que coloca al ser humano y su razón como centro, principio y fin de todo.

Y es desde allí que se exacerba en el ser humano su orgullo y vanidad por lo que su inteligencia y raciocinio le permiten hacer, llegando hasta la prepotencia. Tanto así, que se puso al borde de la auto destrucción, en dos guerras con horrendos artefactos capaces de extinguirlo como especie, paradójicamente creados por su raciocinio. Luego así, en los albores de este milenio, comienza el ser humano a replantearse existencialmente y a reencontrarse con valores otrora desechados por su prepotencia racionalista.

El arquetipo de esa prepotencia tecnológica lo representa por antonomasia el famoso Titanic. Un barco indestructible, perfecto, cenit  del desarrollo tecnológico del momento…, y que en su primera ruta fue “tragado” por el océano junto a su perplejo creador. El defecto principal: No fueron consideradas muchas variables extremas en su funcionamiento, y además, fue conducido prepotentemente, sin tomar en cuenta su naturaleza material y funcional.

Por eso no asombra ver a los directivos del CNE, afirmar que en Venezuela existe un sistema electoral “perfecto”, pues al final es la misma prepotencia, para no decir torpeza, que ostentaban los del Titanic.

Es que, presumir la creación de un sistema perfecto, supone una postura esotérica más que una afirmación científica, ya que el “error” es precisamente lo que  mueve a la ciencia y posibilita la evolución; pues lo único realmente perfecto es Dios y su expresión: el universo; pero  éste en tiempos y espacios tan grandes, que sus aparentes fallas o errores, tan sólo expresan el transitar evolutivo que lo lleva a la perfección. Ciertamente, luego así, al final del final, lograr un sistema perfecto sería posible, sólo que entonces la evolución estaría detenida y la humanidad  seria perfecta en sí misma.

Si alguien ha aprendido de seguridad y de perfección, son algunas agencias e instituciones gubernamentales  de ciertas potencias, quienes, luego de jactarse de lo perfecto, infalible e infranqueable  de sus sistemas digitales de manejo  y control de data …, ha resultado que hasta un adolescente en su casita y con el gatito en brazo, los ha hackeado , accediendo al sistema de la forma que ha querido… Tales experiencias llevaron a algunas instituciones a establecer una “solución” insólita: Contratar a ese tipo de “genios delincuentes”,  como “sabuesos” de fisuras en la seguridad de sus plataformas…

A esto hay que agregar que la estructura tecnológica electoral, no cuenta naranjas ni piezas de lego, sino nada más y nada menos que la voluntad libérrima del ciudadano, en expresión de su poder soberano; en consecuencia, su eficacia toca planos inmateriales, morales, éticos y espirituales de las personas.  Por eso mismo, el conteo de naranjas siempre podrá ser plenamente eficaz, mientras cuente naranjas, mientras el escrutinio  de votos ha de tener un movimiento perenne hacia la eficacia; ¿por qué?: Precisamente por el elemento subjetivo que  lo legitima y cualifica, sin el cual toda estructura electoral  es simple basura.

Es la voluntad soberana del ciudadano la que legitima indirectamente la actuación del ente electoral, expresada y concretizada esencialmente  por el resultado efectivo de su función. Pero esa legitimidad, que se expresa como credibilidad, debe nacer de hechos concretos que expresen el grado de eficacia del ente, al recoger y patentizar, con la mayor certeza posible, la voluntad ciudadana.

En Venezuela, el ente comicial es un Poder del Estado. Condición que le otorga una situación jurídica especialísima, pues entonces el Poder Electoral (CNE) es un poder  de segundo grado, en cuanto a su legitimidad y la posibilidad del control directo del ciudadano, ya que sus titulares son designados por el Poder  Legislativo. Esto le asigna a la Asamblea Nacional una función de control extraordinario en materia electoral, puesto que, la deslegitimación del ente correspondiente, lo toca directamente en su responsabilidad constitucional. De manera  que, el CNE se mueve (o se debería mover) entre dos aguas: Por un lado, los cuestionamientos y exigencias de los ciudadanos, y por otro, la vigilia de la Asamblea Nacional, como órgano del poder fuente de su legitimidad. Así pues, obviamente, las decisiones del  CNE,  actuando como Poder del Estado, no comprometen únicamente su  credibilidad, sino que afecta  además, de manera directa y especialísima, la legitimidad de la Asamblea Nacional.

Con lo anterior se revela que el CNE se ha desempeñado  en algunas oportunidades con ciertas liberalidades y prepotencias que exceden sus facultades y límites constitucionales, al no estar sometida al control ciudadano directo, y ante la dejadez, relajo o incomprensión por parte de la Asamblea Nacional, de sus facultades y responsabilidades constitucionales. 
Siendo que al final, de una u otra forma, el CNE queda vulnerablemente sometido a los vaivenes de la diatriba política.

Ya estamos revelando  las imperfecciones institucionales lógicas y naturales del sistema electoral… Pero, concentrémonos ahora en la plataforma tecnológica: Un proceso de votación con respaldos y contrarespaldos, chequeos y contrachequeos,  cifrado y recontracifrado, verificado y recontraverificado, auditado y recontrauditado.; no debería tener cuestionamiento alguno, como sostienen los directores del CNE y ciertos padres putativos de la creatura.

El problema está justamente en que no se trata de contar o medir naranjas ni legos, sino  de la voluntad libérrima de seres humanos en toda la expresión de sus razones, emociones  y pasiones, propias del vivir en sociedad. Esto evidentemente tiende a  escindir la credibilidad ciudadana, en tantos flancos como partes en disputa halla, lo que es lógico y natural; siendo condición sine qua non del ente electoral, integrar esos flancos hasta un mínimum que garantice la legitimidad del proceso; y la forma eficaz y sensata de lograrlo, es procediendo con objetividad, imparcialidad, ecuanimidad, transparencia ética, y perspectiva institucional  amplia e integral, para que esa credibilidad se exprese efectivamente en la conformidad del elector.

De manera que, debido a la variable subjetiva,  la confiabilidad (integral) de la estructura electoral,  no es un valor absoluto, considerado desde su eficacia, sino que se ve afectada tanto y cuanto sea mayor o menor la diferencia numérica en los resultados. Esto lógicamente debe trastocar los criterios del ente comicial, para amoldarse efectiva y pertinentemente a las variables estructurales y aleatorias, logrando así  el ambiente necesario de conformidad para poder  sortearlas y garantizar la paz en el grupo social. Así pues, hacia los mayores valores numéricos de diferencia en los resultados, la conformidad  de los electores tiende a  incrementarse; mientras que, hacia las menores diferencias numéricas,  es la inconformidad  del elector la que tiende a aumentar. En ambos casos, la inconformidad por sobre el mínimo  tolerable o por sobre el máximo justificable, raya en la necedad, temeridad o mala fe.

Es que en verdad, estas abstracciones tecnológicas virtuales tan sofisticadas apenas tienen 30 o 40 años a lo sumo de masificarse progresivamente como hábito en nuestras sociedades, y apenas un siglo de definir  al viraje evolutivo de la humanidad, iniciado con el renacimiento. Prácticamente nada frente a los millones de años que tenemos  calculando, midiendo y valorando  todo respecto a una realidad concreta, percibida directamente por nuestros sentidos. Resultando, que  ante la  duda , incertidumbre e inconformidad frente a estos instrumentos tecnológicos, tendamos  a apelar a los elementos y valores inmediatos que sentimos, palpamos y tocamos (nomás veamos lo que ocurre con los libros digitales, los cuales, no obstante su progresiva masificación, no han podido sustituir al escrito en papel, sensible, palpable, olible, amable y hasta  maltratable…)

Todas  estas consideraciones determinan  la eficacia de las decisiones del ente electoral respecto del resultado emitido, y de las posibles impugnaciones, solicitudes o reclamos de las partes en disputa. Por tanto, es contraproducente, por no decir torpe, cerrarse en posturas inflexibles que de suyo merman su credibilidad y la hacen ineficaz, creando inconformidades legítimas.

Por eso, la  verificación total de los resultados electorales, independientemente de cualesquiera chequeos o auditorías de rutina, en el caso de márgenes  de diferencia en votos proporcionalmente muy reducido, no puede de ninguna forma  ser una concesión graciosa del ente electoral, pues ello constituye un derecho legítimo de las partes, quedando a la responsabilidad del ente comicial y de su órgano controlador, como se ha dicho, la Asamblea Nacional,  y del TSJ, como control jurisdiccional, cualesquiera actos de desorden público y sus secuelas, que se originaren a consecuencia de la legítima protesta de los ciudadanos afectados, pues “el ejercicio dela función pública, acarrea responsabilidades…”

Hasta ahora, en la elección  presidencial,  que es la más compleja en cuanto a la amplitud territorial, número de electores y los intereses políticos en disputa, el sistema “perfecto” había estado  en niveles de diferencia de votos  por sobre el 10%, lo cual, más allá  de la diatriba política, no la exigía mucho en su eficacia plena, según lo que hemos señalado. Pero no es simple casualidad, que en la primera  elección de ese tipo con mínimo margen de diferencia  porcentual (1%) , ocurran conflictos sociales como los recién vividos en nuestro país. No pensemos siquiera lo que ocurriría si en procesos futuros se presentaren casos con diferencias de décimas porcentuales (10.000  votos, por ejemplo), y  que el CNE, en su obtuso criterio, se negare a la verificación exhaustiva de los resultados…, ni siquiera lo pensemos, pues no serán naranjas ni  legos  las que saldrán a las calles a exigir su legítimo derecho… ¿Y acaso estarán  los del ente electoral como en el Titanic, dentro, cantando hasta hundirse con él…?

Ante ese supuesto escenario, la respuesta  del Estado clásico Burgués es aplicar su “fuerza” y “autoridad”; pero; ¿cuál fuerza y cuál autoridad?,  si éstas se sustentan en la ley, la justicia, la igualdad y el respeto progresivo de sus Derechos Humanos, no como simples enunciados formales constitucionales, sino como conciencia y convicción de los ciudadanos que los legitima. De manera que el Estado actuaría al final con el comodín de siempre: la arbitrariedad. 

En Verdad  da tristeza la manera tan torpe como un Estado puede caer en el círculo vicioso de la arbitrariedad, pudiéndose evitar de forma tan sencilla: Redirigiendo sus instituciones  hacia el principio y fin de su razón de ser política, social y jurídica: el ser humano, en toda la expresión de sus facultades, potencialidades, virtudes, vicios, fortalezas, debilidades, amores, pasiones, valores, antivalores, aciertos, errores, necesidades, debilidades  y en todo aquello que lo cualifica en su circunstancia evolutiva, como única manera de conciliarlo consigo mismo, con los demás y con el universo. Porque, a pesar de las  arbitrariedades soslayadas o camufladas de bien común, el Estado arbitrario y deslegitimado, y sus instituciones, son tan fuertes como  un grande barco de maché lanzado a la mar.

La reflexión necesaria es que las instituciones políticas no son cuerpos inertes, rígidos, matemáticamente exactos ni mucho menos perfectos; sino organismos vivos, dinámicos  y con la transcendentalidad,  definición y flexibilidad  conceptual necesaria para ceñirse en justicia y por su eficacia, a las complejidades fácticas de la vida del ser humano en sociedad. 
También, es pernicioso conformar  las instituciones  desde una sola óptica o criterio político, por muy sanas y puras sean las intenciones que las causen; y al contrario, es desde el peor de los escenarios y la peor de las situaciones que las instituciones deben configurarse, de tal forma de garantizar su plena eficacia en todo caso y en toda situación.

Por último, veamos en la figura adjunta un bosquejo de lo señalado: La pirámide que representa al ente comicial, contiene la proyección de las  diferencias posibles en los resultados electorales. A medida que la diferencia decrece, la  subjetividad influye, en mayor o menor grado, en concordancia a otras variables y siempre como tendencia, en la confiabilidad en la estructura comicial y en la conformidad con los resultados. En esos  niveles de diferencia se establecen zonas (en este ejemplo son  3) cuyos márgenes porcentuales permitan la “holgura” funcional del sistema , o lo exijan sucesivamente hasta el tope de sus posibilidades, en cuanto a su  control, confiabilidad  y eficacia (zona amplia o “segura”, zona de cuidado y zona sensible).Conteniendo todo eso se halla el bloque del Poder  Electoral, sostenido en un extremo por la pirámide constitucional , que determina su fuerza legal; y por otro extremo se  sustenta en el poder legislativo, quien, soportado obviamente en la Constitución, designa  a sus titulares  y transmite su legitimidad. Finalmente, toda esa estructura político jurídica, se soporta sobre el poder ciudadano, que en el Estado socialista es  reconocida como la auténtica  fuente y legítima expresión  de su  poder, en la medida y forma que determine  la Constitución.

Javier A. Rodríguez G.